Un dios de la fantasía
Una de las grandes incógnitas del mundo del cómic y la ilustración en general es lo poco citado que es Earl Norem. Un auténtico gigante. Cualquiera...
En realidad, el artista belga fue el típico artista paciente. Un hombre que antepuso su obra a su ego y que logró ciertos hallazgos intuitivamente, en soledad, sin adscribirse a movimiento alguno. Y fue, asimismo, alguien que aun conociendo los movimientos modernos y sintiéndose interesado por ellos, no era esclavo de su tiempo. Tenía una concepción amplia de los fenómenos culturales y sociales que, aunque parezca un tanto extraña y forzada la comparación, me recuerda a la de Marcel Proust. Básicamente porque Ensor no retrata a la burguesía y sus horrores ni a la hipocresía social como frutos de un instante cultural sino más bien, como un absoluto eterno.
Ensor es un pintor sagaz y feroz. Juguetón y directo. Frío y preciso. A los burgueses acostumbraba a pintarlos en grupos. Los retrataba como si fueran un ejército. Mezclando nocturnidad y sonambulismo. Locura y asco. Terror y comedia. En sus manos, los rostros al descubierto parecían máscaras y las máscaras estar compuestas de piel y no de cuero o plástico.
Existe también cierta serenidad en el arte de Ensor. Algo de actitud contemplativa en su mirada. Ensor siente asco y desprecio hacia las clases dominantes pero su odio no es absoluto ni visceral. Hay algo «zen» escondido en medio de las caricaturas de Ensor. Seguramente, porque el pintor holandés sentía a la burguesía como un «ente» muerto. Olisqueaba la sangre y los fallecimientos de las dos guerras mundiales. Y la repulsión que podía sentir por sus contemporáneos, se veía aplacada por la conciencia de estar retratando «fantasmas». Personas muertas de una decadente Europa cuyo rumbo ensombrecía su talante y posiblemente, le hizo pensar que antes que aventurarse por cualquiera de sus sangrientos, peligrosos parajes, lo mejor que podía hacer era continuar en Ostende hasta el fin. Testimoniando desde su rincón natal con calma y lucidez la lenta agonía de su pueblo. Shalam
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