Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Pocos como Trotski pusieron de manifiesto las contradicciones del aparato de poder comunista tras la revolución rusa. Nadie, al nivel de Pasolini, fue capaz de visslumbrar y de describir con acidez inmisericorde a la sociedad de consumo emergente tras la Segunda Guerra Mundial en Europa. A su vez, es difícil encontrar poetas y escritores como Pavese; alguien capaz de exprimir su alma y talento luchando contra el fascismo cuyo suicidio dejó evidencias palpables del agrio rumbo de Occidente y ese malestar existencial que la sociedad de consumo y la televisión se han encargado de tapar de todas las maneras posibles. En cuanto a lo que se refiere al fútbol, parece asimismo tarea ardua hallar actualmente jugadores de la estatura moral de Kubala, fieles a unos colores más allá del dinero y el éxito. Entregados a su equipo con la misma determinación que a una causa moral. También resulta complejo citar o encontrar escritores románticos del cariz de Julio Cortázar, capaces de convertir su vida y su obra en una infinita sinalefa rítmica. Y no digamos ya encontrarnos con músicos como John Coltrane. Un artista que hizo de su obra un bálsamo espiritual, un río cultural.
Décadas después de su muerte, sin embargo, ninguno de estos personajes es un foco central del siglo XX. Lo que duele en este caso es que todos fueron, de algún modo, un ejemplo no sólo artístico sino moral. Probablemente, de haber claudicado en su lucha, de haber sido más domesticables, se les citaría más alegremente. Se encontrarían más presentes más allá de ciertos círculos intelectuales. Algo parecido ocurre con la Guerra de Bosnia; acontecimiento que agitó las conciencias occidentales durante unos años y, actualmente, no provoca más que indiferencia.
En realidad, Bob Dylan es de los pocos artistas citados por Aitor que sí que se encuentran presentes en nuestra memoria colectiva. Aunque no tanto el disco que se trae a colación aquí: Nashville Skyline. Una obra para la que Dylan ensayó un nuevo tono de voz que se corresponde en Fantasmas de la ciudad con el más ligero empleado por el narrador que, en cierto sentido, homenajea al que aparece en todos esos jocosos textos de Manuel Vilas sobre Lou Reed, Johnny Cash y demás fauna rockera.
1ºimagen…phyquical graffiti,1975, terrible wah-wah…..
2ºimagen….chulapo pensando en bicicletas…..
3ºimagen…..no se porque motivo frida kahlo me cae mal…..la veo falsa «monea»……
4ºimagen….tocame los tambores que yo encendere esta…..
5ºimagen…..ir a tender en los balcones azules o a las terrazas rojas……
PD….https://www.youtube.com/watch?v=VVP3g1-Wq_0….custard pie..led zeppelin..1975…
1) En efecto. Es la portada. Sí. También la imagino como la portada de una película tipo «En construcción» de Guerín. 2) 3) La destrucción del arte. 4) «Esto sí es una pipa». Pavese superando a Magritte por el principio de la realidad. 5) «Napoli, Napoli, Forza Napoli». PD: Temazo que me recuerda a algunos de los mejores del «Led Zeppelin II».