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Fantasmas

Jul 22, 2022 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un breve avería dedicado a la colección de cuentos Fantasmas de la ciudad de Aitor Romero Ortega; el cual recomiendo leer escuchando uno de los temas («I Threw it all away») de un álbum de Bob Dylan, Nashville Skyline, cuyo brillo resplandece en uno de los relatos del libro: «Spaguetti Western».

Fantasmas de la ciudad

Me ha gustado bastante Fantasmas de la ciudad. La escritura de Romero Ortega fluye y avanza sin trabas a lo largo de todos los relatos que componen su libro. Tenía deseos de continuar leyendo la mayoría de los cuentos y no de que terminasen ya de una vez. Algo que no es tan habitual. Leo algunos libros deseando que concluyan puesto que en ellos todo remite al autor. No ha sido este el caso porque, en esta ocasión, el foco se coloca sobre los protagonistas de los relatos. Además,  siempre tenía la impresión de leer en presente. De ser acompañado (y no abrumado) por el narrador. Una especie de fantasma que recuerda a una de esas viejas voces que aparecían en ciertas películas europeas de antaño terminando de apuntalar lo que veíamos en pantalla.

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Yo al menos he leído Fantasmas de ciudad como una despedida del siglo XX. O a una parte de ese siglo que se desvanece lentamente como si nunca hubiera existido. A pesar de su relevancia, la mayoría de personajes o acontecimientos que directa o indirectamente protagonizan estos relatos  (Trotski, Pavese, Pasolini, Arthur Cravan, Julio Cortázar, Kubala, John Coltrane) sino se encuentran olvidados o en trance de serlo, sí que se encuentran muy apartados del foco de la actualidad.

La mayoría de ellos realizaron diagnósticos precisos sobre el futuro devenir de Occidente. Su voz se escuchó con rotundidad, casi como la de un profeta, durante un tiempo y luego fue olvidada. Su figura forma parte de nuestro inconsciente y, de tanto en tanto, en medio de momentos de euforia económica y felicidad impostada, sus palabras aparecen recordándonos algo esencial que no deseamos rememorar pero no tardamos en ignorarlas. Dejar que se pierdan en medio del ruido cotidiano implantado en la sociedad del espectáculo.

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Pocos como Trotski pusieron de manifiesto las contradicciones del aparato de poder comunista tras la revolución rusa. Nadie, al nivel de Pasolini, fue capaz de visslumbrar y de describir con acidez inmisericorde a la sociedad de consumo emergente tras la Segunda Guerra Mundial en Europa. A su vez, es difícil encontrar poetas y escritores como Pavese; alguien capaz de exprimir su alma y talento luchando contra el fascismo cuyo suicidio dejó evidencias palpables del agrio rumbo de Occidente y ese malestar existencial que la sociedad de consumo y la televisión se han encargado de tapar de todas las maneras posibles. En cuanto a lo que se refiere al fútbol, parece asimismo tarea ardua hallar actualmente jugadores de la estatura moral de Kubala, fieles a unos colores más allá del dinero y el éxito. Entregados a su equipo con la misma determinación que a una causa moral. También resulta complejo citar o encontrar escritores románticos del cariz de Julio Cortázar, capaces de convertir su vida y su obra en una infinita sinalefa rítmica. Y no digamos ya encontrarnos con músicos como John Coltrane. Un artista que hizo de su obra un bálsamo espiritual, un río cultural.

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Décadas después de su muerte, sin embargo, ninguno de estos personajes es un foco central del siglo XX. Lo que duele en este caso es que todos fueron, de algún modo, un ejemplo no sólo artístico sino moral. Probablemente, de haber claudicado en su lucha, de haber sido más domesticables, se les citaría más alegremente. Se encontrarían más presentes más allá de ciertos círculos intelectuales. Algo parecido ocurre con la Guerra de Bosnia; acontecimiento que agitó las conciencias occidentales durante unos años y, actualmente, no provoca más que indiferencia.

Consecuentemente, en Fantasmas de la ciudad, nos encontramos con una muchacha bautizada con el título de una composición de Coltrane, («Naima»), que rehúye todo lo que tiene que ver con su nombre. Y comprobamos, por ejemplo, que la estancia de Trotsky en Barcelona se refleja en el entresuelo de un portal anónimo en el que nadie repara. Verificamos que se habla más de Kubala por un posible hijo ilegítimo suyo que por sus esforzados sacrificios en el campo.  Y ratificamos que de Pasolini y Pavese no se tiene apenas noticia en una Italia volcada en el turismo, el dinero y la moda. Justo varias de las gangrenas culturales más peligrosas avizoradas por el director de Saló. A su vez, el surreal relato «El aeropuerto del sur» sirve tal vez como recordatorio de que muchas de esas situaciones inexplicables que caracterizaban Lost u Old (el filme de Shyamalan) ya se encontraban tanto en los cuentos de Julio Cortázar como en las películas de Luis Buñuel.

En realidad, Bob Dylan es de los pocos artistas citados por Aitor que sí que se encuentran presentes en nuestra memoria colectiva. Aunque no tanto el disco que se trae a colación aquí: Nashville Skyline. Una obra para la que Dylan ensayó un nuevo tono de voz que se corresponde en Fantasmas de la ciudad con el más ligero empleado por el narrador que, en cierto sentido, homenajea al que aparece en todos esos jocosos textos de Manuel Vilas sobre Lou Reed, Johnny Cash y demás fauna rockera.

Ese es, por cierto, otro de los méritos de Fantasmas de la ciudad. No mentir ni ocultar sus bazas. Aitor cita a la mayoría de los escritores en los que se apoya. Tal vez para poner de manifiesto que los que ahora escribimos lo hacemos gracias a ellos. Y en la medida en que los citemos y nombremos estaremos contribuyendo en hacerlos (y hacernos) presentes en nuestras fantasmagóricas sociedades. Convirtiendo nuestros paseos por las ciudades contemporáneas en una conversación cultural con nuestro presente y futuro y no en una mera excusa para el ocio y el rápido olvido. Shalam

نحن نموت باستمرار حتى نختفي

Morimos constantemente hasta desaparecer

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1ºimagen…phyquical graffiti,1975, terrible wah-wah…..
    2ºimagen….chulapo pensando en bicicletas…..
    3ºimagen…..no se porque motivo frida kahlo me cae mal…..la veo falsa «monea»……
    4ºimagen….tocame los tambores que yo encendere esta…..
    5ºimagen…..ir a tender en los balcones azules o a las terrazas rojas……
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=VVP3g1-Wq_0….custard pie..led zeppelin..1975…

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    • Alejandro Hermosilla

      1) En efecto. Es la portada. Sí. También la imagino como la portada de una película tipo «En construcción» de Guerín. 2) 3) La destrucción del arte. 4) «Esto sí es una pipa». Pavese superando a Magritte por el principio de la realidad. 5) «Napoli, Napoli, Forza Napoli». PD: Temazo que me recuerda a algunos de los mejores del «Led Zeppelin II».

      Responder

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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