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El escritor y sus fantasmas

Abr 13, 2024 | 2 Comentarios

Existen unos cuantos factores que perjudican la recepción actual de la obra de Ernesto Sábato.

En primer lugar, su fotogenia. Sábato no luce atractivo en las fotografías. En el mundo de las redes sociales, su aspecto no resalta en absoluto. No reponde al clásico perfil de instagram. No cabe duda que no le ayuda la idolatría actual por la juventud. Escasos lectores adolescentes se sentirán atraídos por la imagen de ancianidad de este hombre reconcentrado en sí mismo. Hay escritores del pasado, caso de Albert Camus, con aire de actores de cine mudo cuya figura poseía un aura de misterio y encanto. Este no es el caso de Sábato. Al menos para un observador superficial. Porque si profundizamos un poco en su silueta no tardaremos en otear la mudez y escepticismo de los hombres sabios.

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Por supuesto, (al menos en Argentina) también le ha perjudicado muchísimo la célebre fotografía junto a Videla.

Secuestros, huelgas, masacres, enfrentamientos entre distintas facciones políticas habían convertido a la Argentina de los 70 en un caos. E, ingenuamente, Sábato pensó que la dictadura militar podría ayudar a instaurar el orden en su país. Un clamoroso error del que no tardó en darse cuenta. Pero ya era tarde. Para muchos jóvenes peronistas, su imagen quedaría unida para siempre a la de Videla a pesar de que Sábato presidió la Comisión sobre la Desaparición de Personas y estuvo detrás del Informe redactado por esa Comisión: el célebre Nunca más.

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Tampoco le ha ayudado en absoluto a Sábato el rumbo de los tiempos modernos. Actualmente, vivimos sometidos al yugo de las ideas triunfantes tras mayo del 68. Pero el pensamiento del autor argentino es fruto de lo ocurrido después de la Segunda Guerra Mundial. Era un escritor existencialista. Un trágico. En este sentido, sus ensayos se encuentran completamente ajenos a gran parte de los condicionantes posmodernos: las políticas de género, la relatividad moral, la identidad, la post-verdad, etc..

Sábato es un pensador profundo. No es alguien posmoderno. En Sábato, la verdad no es relativa. Sábato cree en la verdad. Toda su obra es una búsqueda de la misma. Y, desde luego, tampoco es juguetón. Sábato es un trágico. Alguien que conecta la vida moderna con los dramas griegos y los mitos y profecías bíblicos. Así que no falta nunca quien afea su obra en beneficio de César Aira u otros autores cuya creatividad entronca perfectamente con la levedad pop del siglo XXI.

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Tampoco le ha favorecido a Ernesto Sábato ser un escritor argentino. Es cierto que los lectores europeos conectamos perfectamente con la literatura de su país . Pero eso no significa que terminemos de comprender muchas de sus referencias y el uso de determinados símbolos nacionales y palabras locales.

La mejor y más conocida novela de Sábato, El túnel, es lo suficientemente universal como para que cualquier lector la disfrute sin saber nada de la Argentina. Pero sin embargo tanto en Sobre héroes y tumbas como en Abbadon el exterminador existen una serie de condicionantes sociales y hechos políticos que si no se conocen, no permiten profundizar del todo en su argumento. Para leerlas y disfrutarlas totalmente hay que realizar un trabajo previo que no todos los lectores (y menos en los tiempos actuales) se encuentran dispuestos a hacer.

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Supongo, en cualquier caso, que el paso del tiempo permitirá leer mejor a Sábato.

Soy de los que piensan que en sus ensayos existe mucha mesura y sabiduría. Tal vez ninguno de ellos marque un hito del pensamiento pero en todos se encuentran sabias exhortaciones sobre la creación y el mundo moderno que se encuentran lejos de haber perdido vigencia. Básicamente, porque las verdades nunca lo hacen.

Hoy mismo, tras más de una década sin leerlo, he abierto El escritor y sus fantamas y me encontrado esta reflexión que subscribo en su totalidad: «Las obsesiones tienen raíces en zonas profundas del yo, y cuanto más profundas más numerosas. La más profunda pienso que es única  y todopoderosa: es la que reaparece a lo largo de las obras de un creador verdadero, que siempre escribe sobre un solo tema. No creo en los que escriben sobre muchos: seguro que son superficiales. Quizás sean estos autores los que pueden elegir sus asuntos. Porque el tema no se debe elegir: hay que dejar que el tema lo elija a uno. No se debe escribir si ese tema (esa obsesión) no acosa, persigue y presiona desde las más misteriosas regiones del ser. A veces, durante años».

(…) «Al revés de  lo que piensa la gente, los más grandes novelistas son poco «fecundos», si por fecundos se entiende fabricar grandes cantidades de historias diferentes. Cuanto más profundo es un creador, más insiste en una sola obsesión (sería filosóficamente reprochable llamarla «idea»). Es una especie de monomaníaco y su monomanía se debe, precisamente, a que esa obsesión proviene de lo más hondo y oscuro de su yo, donde seguramente domina omnipotentemente. Ese gran egocéntrico no dice sino una sola cosa: cada vez más encarnizadamente, en cada obra con mayor violencia y desgarramiento. Ese fenómeno se da ya en Dostoievsky y comienza a hacerse más evidente a media que la novela se convierte de narración de hechos externos o descripción de costumbres en indagación del yo». Shalam

من لا يعرف كيف يستمتع بالثروة عندما تأتي، لا ينبغي له أن يتذمر إذا حدث.

El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no debe quejarse si se pasa

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…los cuarterones de cristal son adecuados para verse desde fuera del edificio no desde dentro del despacho….
    2imagen…pensando o descansando en los escalones del ayuntamiento?…
    3imagen…la virgen del amor hermoso…..
    4imagen….cuello funky, bolsillos de indiana john…sonrisa…(sin planchar)…..
    5imagen….la mania de las barbas y los fondos negros…..
    PD:…procesion celestial la de duke ellingtong & orquestra-1934 (e.sabato tenia 23 años)…..
    https://www.youtube.com/watch?v=55kH1rWDzM0….saborazo…

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    • Alejandro Hermosilla

      1) La vida es un soplo que se va. Un soplo espiritual. Imagino en ese cuarto a Sábato escribiendo «Antes del fin». Recuerdo también mi viaje a esa casa. Estar en la puerta y ver la luz encendida del cuarto. 2) Reflexionando sobre el «Informe sobre ciegos». Judaísmo y ceguera. 3) También veo que está en la fotografía ni más ni menos que el religioso Rodolfo Castellani. 4) El aspecto de Sábato está aquí a mitad de camino de un falangista y un militar italiano. Cadete intelectual, eso sí. 5) La fiereza obsesiva. PD: Impresionante, delicioso. Ufff. Maravilloso. Una buena prueba exponencia de por qué Ellingtong debe aparecer siempre en una crónica musical del siglo XX.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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