El hombre delgado
Giacometti esculpía como si el mundo contemporáneo fuera Auschwitz. Como si Occidente entero fuera un campo de concentración. A Giacometti, los...
No obstante, El Papa también nos habla con claridad de los peligros del poder espiritual. Pues, al fin y al cabo, nos encontramos actualmente dentro del plano terrenal.
Por lo tanto, El Papa es una carta dividida en dos partes y fronteras. Y nos dirá una cosa u otra dependiendo del punto de vista con el que nos identifiquemos. Si lo hacemos con el sumo Sacerdote, hemos de tener en cuenta -repito- la vertiente ética de nuestra empresa. No caer en la egolatría ni abusar de nuestra influencia sobre otras personas y menos aún, transgredir las reglas espirituales en nuestro beneficio. Y si nos identificamos con las dos figuras postradas ante la suma majestad, deberíamos tener cuidado de no caer en extremismos. En el fanatismo y la idolatría. Pues, ciertamente, no hay poder más peligroso ni supersticioso que el religioso. Aquel que habla en nombre del más allá y tiene los pies puestos en nuestro caótico y bello mundo.
El Papa es el arcano posterior a El Emperador. El hombre destronado que al fin ha retomado al lugar que deseaba ocupar en la vida. El lugar que le pertenecía por derecho, nacimiento y méritos. Pero, probablemente, la carta tenga una conexión más íntima con el arcano XV: el Diablo. Puesto que detrás de todo poder religioso siempre asoma la sombra del mal. Es tan difícil mantener una actitud completamente ética y poseer un alma pura, que es inevitable que las sombras se entremezclen con las luces de cualquier persona. Sólo hay que volver la vista, por ejemplo, al fanatismo con el que muchos prosélitos de la izquierda defienden sus causas. Con un ardor cercano a ese fascismo al que dicen oponerse.
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