Un ensoñador océano
Dejo a continuación un nuevo videoavería dedicado a un delicioso libro de Ángel Charris en el que colaboro: "Pacíficos". Un ensoñador viaje por el...
El argumento del videojuego era sugestivo y recordaba levemente la historia de la niña Alice Cooper: los padres de Alicia morían en un incendio sin explicación aparente y quedaba huérfana. Depresiva y desorientada, tras intentar suicidarse, era internada en un asilo donde era vejada por los trabajadores. Catatónica, debía orientarse para sobrevivir en el sanatorio, superar sus sentimientos de culpa y ansiedad e intentar reconstruir los fragmentos de su vida rota conforme se iba encontrando con algunos de los míticos personajes de Carroll -el Conejo Blanco, el Gato de Cheshire, la Duquesa, la Falsa Tortuga o la Oruga- y se adentraba en lugares como el valle de las lágrimas, la fortaleza de las puertas o el macabro taller del sombrerero loco.
Basta revisar una a una las ilustraciones de El arte de Alice mad returns para constatarlo. Porque el libro es una mágica bestialidad que nos lleva del Londres del siglo XIX a los laberintos pictóricos más refinados a través de diseños pantagruélicos, barrocos y psicóticos, los cuales expanden los sentidos y significados de un texto único al que conducen hacia novedosas dimensiones.
Estos diseños son además, un certero retrato psicoanalítico de nuestra época. Visiones de la soledad y el vacío entremezcladas con la boca de apabullantes monstruos y sangrientas escenas que condensan clasicismo y modernidad con absoluta elegancia y morbidez.
Esta Alicia es destructiva. Provoca pavor. Es casi una bruja. Un demonio perseguidor y un ángel perseguido. Los peligros a los que se enfrenta parecen salidos de su mente y son, en gran medida, reflejos de un mundo disonante. Gestos que son puertas de entrada al manicomio social. En realidad, estos grabados, lienzos, sellos, diseños son aberturas, compresas mentales, heridas sin cicatrizar y orificios. Un sangriento zoo artístico cuya función tal vez sea no tanto poner de manifiesto el desorden de la realidad sino el diabólico orden que este rutilante, desbordante caos invoca.
Esta Alicia sufre pero goza con el sufrimiento. No escapa sino que va en busca de sus pesadillas. Recrea, desea y ama sus miedos. Está enamorada del mal.
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