Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Hablar hoy de Star Force puede parecer un ejercicio retro. Algo así como escuchar de tajada cualquier disco de John Mauss. Un ejercicio consciente de nostalgia. Ese divorcio con el presente que exige el arte. La mente de un creador. Pero ninguno de los que disfrutamos de este juego cuando apareció, podíamos prever algo así.
En 1985, Star force era el futuro. Un invitación a dejar de ver Battlestar Galactica y protagonizarla. Lo más parecido a una excursión espacial interactiva. Un chute de placer directamente proporcionado por las estrellas. La nave, por ejemplo, se movía con suma facilidad. Se desplazaba ágilmente por un cielo oscurecido lleno de sorpresas. Feroces enemigos que hacían prácticamente imposible terminar el juego y convertían cada partida una experiencia emocionante. Porque en Star force no existía casi tiempo para la relajación. Cada pantalla nueva nos proporcionaba una sorpresa.
No nos engañemos. Star Force era un juego simple. No era un juego complejo. Pero era el juego de naves que necesitábamos. Una demostración de que el mundo de los videojuegos comenzaba a ser inabarcable y era capaz de proporcionar emociones inéditas.
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