Los muertos
Soy de los que piensan que ciertos testimonios no se guardan ni registran tanto para que los disfruten los vivos como para que lo hagan quienes...
No obstante, intentaré explicarme mejor. Puede que yo sea un mal escritor, que no sepa expresarme o que me haya equivocado en todo lo que haya pensado o transmitido. Pero no creo que sea necesario recordar que quien lo desee, puede dejar de leer mis textos en cualquier momento. Lo cierto es que tal vez porque la era internet acaba de iniciarse, todavía no somos plenamente conscientes de que poder asomarnos a la cocina de los escritores y observarlos en parte trabajar y construir su obra en vivo y directo, es en gran medida, un privilegio. Sobre todo, si esa voz es personal, posee cierta resonancia y calidad y además, no nos cobra ni un centimo por mostrarnos lo que realiza.
Me indican también que mis textos suelen tener bastantes faltas ortográficas. Ya realicé un avería al respecto. Soy consciente de que necesito un corrector de estilo y por lo general, corrijo cada entrada que aparece cuatro o cinco veces pues tras publicarla, acostumbro a detectar decenas de erratas (eso sí, cada vez menos). En fin, en este caso, probablemente deba pedir perdón. Podría decir que esta es mi forma de trabajar, de ser y estar en el mundo o que compongo cada texto como si yo fuera un guitarrista que toca un compás totalmente distorsionado e improvisado y es lógico que cometa ciertos errores, pero no lo haré. Porque aquí sí que creo que las personas de mi entorno cercano tienen toda la razón. Y a este respecto, apenas puedo hacer algo más que solicitar paciencia. Cuando me sea posible, contrataré un corrector de estilo. Alguien que revise cada una de las entradas escritas al cabo de un mes y las deje libres de errores para quien las desee releer o retomar. Pero de momento, no puedo comprometerme a no cometer esas faltas. Por muchos motivos. Por lo que pido por favor comprensión. Además, como dije previamente, el blog es un medio de comunicación casi instantáneo. Y por tanto, creo que son más fácilmente disculpables estas erratas que entiendo que no serían permisibles si habláramos de un libro publicado. Sobre todo, teniendo en cuenta que alguien podría pagar un dinero por él y que las faltas en un texto impreso quedan selladas en sus páginas perennemente. Cuando al contrario, cualquier error ortográfico en Internet puede ser modificado en unos segundos.
En otras palabras, si no somos capaces de crear, ¿no sería mejor que acompañáramos a quienes lo hacen? Creo sinceramente que sí. Pues lo contrario, implica hacer de nuestras sociedades cárceles de ignorancia cada vez más y más cerradas condenadas a la autodestrucción. Afirmación que, visto el momento que estamos atravesando y que muchas de las profecías de Orwell y Huxley casi que se han hecho realidad al completo (o están en trance de ello), supongo que nadie, confío, que considerará a estas alturas una boutade. Shalam
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