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Recomendaciones culturales

May 6, 2024 | 2 Comentarios

Otro de los aspectos que ha cambiado en la cultura contemporánea a raíz de la llegada de internet es el de las recomendaciones. Antes, eran absolutamente vitales para nuestra formación y aprendizaje y ahora son directamente una amenaza a nuestra salud mental. No sé si un incordio pero sí otro factor que contribuye (a veces) a crear incertidumbre e incluso malestar.

Antes de internet, sin embargo, las recomendaciones eran siempre bienvenidas. Recuerdo tardes enteras fumando un cigarrillo tras otro en la habitación de un amigo que me prestó el primer libro de Miguel Espinosa que leí (La fea burguesía). Allí descubrí a Antonio Vega, los primeros discos de Whitesnake y la discografía entera de Deep Purple. Por aquellos años, las recomendaciones eran absolutamente vitales para forjar un mapa cultural. Eran casi salvoconductos existenciales. En gran medida, eran descubrimientos a nuevas realidades que completábamos con la ayuda de personas cercanas o carismáticos periodistas (pienso, por ejemplo, en César Martín, si es que César Martín puede ser considerado un periodista al uso, que pienso que no) y profesores.

Sin embargo, gracias al acceso fácil a todo tipo de productos culturales que nos ha proporcionado internet, merced a la sobresaturación y al exceso, las recomendaciones se han convertido en un dolor de cabeza. La buena nueva ha devenido en celda de control y una nueva muestra de nuestra impotencia. Otro reflejo más del consabido castigo de Tántalo o del célebre mal de Stendhal. Casi una ejemplificación de la fragilidad y de la debilidad de los seres humanos.

Lo más probable, de hecho, es que estas recomendaciones se conviertan en espinas, dolores de cabeza, pinchazos de aguja en nuestras inquietudes. Básicamente porque antes, las recomendaciones eran pasaportes a otra dimensión y además, estaban hechas a escala humana. Pero hoy (aunque obviamente no sea esa la intención de nuestros interlocutores) contribuyen a la confusión. No nos permiten comunicarnos más sino que nos hacen más conscientes de nuestra soledad.

Probablemente estoy siendo demasiado teórico así que pondré un ejemplo práctico. Hace unos cuantos meses estuve en casa de un gran amigo. Comenzamos a charlar y a las dos horas tenía mi teléfono lleno de referencias musicales (mínimo catorce) y libros (tres o cuatro) que, dada su extraordinaria calidad, debía conocer sí o sí. En realidad, más que interesado por ellas, me sentí abrumado. No sentí curosidad sino hastío, casi agobio. Porque, por un lado, era muy consciente de las buenas intenciones de mi amigo y de que seguramente disfrutaría al menos de la mitad de esas referencias pero también lo era de que no disponía de tiempo suficiente para adentrarme en ellas. Ante todo, porque a esas referencias tenía que unir las decenas de libros que aguardo el momento justo para leer, películas que deseo volver a ver, los discos que escuchaba en ese momento de mi vida (que no eran precisamente pocos) más las continuas recomendaciones de filmes o ensayos artísticos que aparecen en mi muro de facebook, las novedades de las editoriales que sigo, los lanzamientos de nuevos discos de los que me entero por los periódicos que, a su vez, suelen tener en su plantel al menos a dos o tres escritores que suelo leer. Y por si fuera poco, a esto hay que unir los libros que uno lee (o compra) por amistad con el escritor, libros históricos que, de tanto en tanto, aparecen con nuevos hallazgos que modifican nuestra percepción de determinados sucesos políticos, unos cuantos canales de youtube realmente interesantes, relecturas necesarias de clásicos, indagaciones religiosas, blogs, revistas musicales, cómics, revistas deportivas, etc…

¿Queda claro lo que deseo transmitir? ¿Queda más claro ahora? Antes, en otros tiempos, en otra época (que parece que fue milenios atrás) mi amigo me hubiera grabado dos discos (sólo dos) en una cinta de casette que yo me hubiera llevado a casa (cuidando el objeto como si fuera un tesoro) y hubiera dedicado varias horas a escucharlos. Seré sincero. En aquella ocasión lo que hice al llegar a casa fue borrar la gran mayoría de referencias. Casi pidiendo perdón, pero las borré. Porque lo que sí que tengo claro es que o leo un libro bien y con la mayoría de mis sentidos en sus páginas o no lo leo, y lo mismo debo decir de una película o una obra musical. Y para escuchar bien aquellos catorce discos necesitaba uno o dos meses que iban a interferir en la línea que estaba siguiendo para, por ejemplo, escribir en avería.

¿Se comprende mejor ahora porque digo que las recomendaciones culturales lo que logran hoy en día es transmitirme impotencia? Actualmente, tengo como cien libros comprados que no he leído. La mayoría desearía fervientemente leerlos en el plazo de un mes pero es obvio que no tengo tiempo. Si Dios quiere, al final, con el paso de los meses y años, lograré hacerlo pero para entonces, tal vez tenga cien libros más aguardando en mi biblioteca. Así que a veces estoy tentado de no gastar un euro más en cultura. Propósito que pronto desestimo porque significaría ser injusto con los autores y editoriales que hacen su mayor esfuerzo por seguir dignificando el arte literario.

Es cierto que vivir cercado por referencias culturales me da mucha más paz que pensar en vivir sin ellas. Y casi siempre experimento alegría, dicha, al mirar los libros y discos que me rodean. Sin embargo, repito, cuando mis amigos me recomiendan una nueva referencia, no puedo evitar sentirme mal. Porque, sí, yo quisiera leerla, yo quisiera abordarla, darle el tiempo necesario pero, a estas alturas de mi vida, ya no sé si me será posible. Y, de verdad, que valoro esas recomendaciones pero constato que en muchas ocasiones ya no puedo darles el lugar que merecen. Lo que provoca frustración. En ocasiones incluso puede suceder que nuestro amigo se incomode de no haber atendido a esas recomendaciones que con tanto celo y cariño nos ofreció. Y es así que, poco a poco, la cultura (masificada) se convierte en distracción y caos, termina generando tristeza y en ocasiones contribuye a aislarnos de nuestros semejantes.

¿Cómo estoy intentando resolver este tema? Cuando dialogo con alguien durante más de dos horas y compruebo lo que le gusta y ama, le hago una recomendación (máximo dos). Si en la siguiente ocasión que lo encuentro, las ha leído, vuelvo a hacerle otra recomendación (una sola o dos). En caso de que no lo haya hecho, no le recomiendo nada y disfruto de nuestra conversación. A su vez, cuando alguien comienza a ametrallarme con referencias, le pido por favor que elija una o dos de todas y le prometo que haré lo posible por conocerlas. Me centro, a mi ritmo, en esas dos y hasta que no las concluya no me comprometo a leer ninguna más. No sé realmente si esta conducta es  la más apropiada pero al menos a mí me es útil y me ha servido de mucha ayuda para lograr que, como suele ocurrir con los fenómenos culturales posmodernos, la sobresaturación artística no se convierta en castigo. Otra trampa más de control que no permite que profundicemos lo suficiente y necesario en cada tema que abordamos y la vida (y también la cultura) terminen convertidas en superficiales fiestas. Shalam

القدر يقود من يقبله، ويجر من يرفض الاعتراف به.

El destino conduce a quien lo acepta, y arrastra al que rehúsa admitirlo

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….paraiso consumista musical( lugar interesante siempre que los pvp esten contenidos)…..las combas del techo son la papelera del aula en amarcord-f.fellini-1973…..
    2imagen….la estatua de la libertad y del libertod cruzandose con un camion en la autovia (sonrisa)…..
    3imagen…refrito de los l.p.(bocadillos de calamares – madrid)….
    4imagen….la segunda mano es posible siempre que no se pasen en los precios……
    PD…..https://www.youtube.com/watch?v=sC0EUxXJl2k……fats domino…1963….kansas city….vaya vacilon…..

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Una tienda de disfraces llena de gente en los carnavales que deviene juguetería en Navidad. 2) Cabeza de minotauro abierta en dos. 3) Me gusta ver al fondo al Zappa dadaísta convertido en Mona Lisa. Imagen del espíritu de las brumas. 4) Barco a la deriva. El naufragio de la cultura. Allí hay más tesoros que en las librerías de novedades. PD: la sencillez del ragtime. Espíritu de acompañamiento. Remembranzas de la era de la Ley Seca.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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