Otro mundo verde
Otro mundo verde En su momento, Another green world marcó un antes y un después en el mundo de la música pop. No fue, por supuesto, un álbum de...
Tago mago no es psicodelia. Tiene aspectos psicodélicos. Y tampoco es rock. Se nutre del rock y de sus estructuras y poses para viajar al infierno en llamas. Vuelvo a repetirlo. O más bien, a insistir con mayor precisión en ello. Tago Mago es un disco sexual. Uno de los que oscuramente mayores referencias y alusiones hace al acto que encegueció a Freud y ha vuelto loco a los monjes y penitentes a lo largo de los siglos. Esta incendiaria jam-session que pareciera que acaba por azar, sin patrones determinados y pudiera durar durante muchas más horas sin hacerse molesta o perder creatividad, es una fotografía auditiva de un orgasmo. El dolor de una menstruación. Un recorrido por un útero excitado y por un glande erecto. Una caricia en el cuerpo de un hombre y una mujer que están mezclándose con fuego divino, entre desatadas, continuas, furiosas explosiones de guitarras, voces, violines, teclados, baterías que no es que estén distorsionados sino que se encuentran excitados. A punto de estallar los unos con los otros y comenzar a gemir en medio de una orgía sonora que entiendo que puede llegar a dar miedo porque lo mismo pudiera servir como banda sonora de un aquelarre, una performance de arte contemporáneo o crear un nuevo culto totémico en torno a un salvaje dios cuyo rostro pudiera ser perfectamente el de un desconocido instrumento musical: una especie de guitarra con cuerdas flácidas que semejan espermatozoides cosida con piel de serpiente y los ganglios de la garganta de unos cuantos cantantes.
0 comentarios