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Más recuerdos

Mar 20, 2026 | 2 Comentarios

No ha transcurrido mucho tiempo, pero tengo muy claro que este último fin de semana permanecerá entre los mejores recuerdos de los últimos meses. A continuación, aclaro el motivo.

Algunos recuerdos (2)

El motivo es sencillo. Para comenzar, el concierto que dio Joaquín Pascual en Itaca.

No sé si hay músicos de rock que hayan llegado más lejos que Fernando Alfaro y Joaquín Pascual en España. Cada uno de sus discos (juntos o en solitario) es una roca vibrante, un abismo. Resulta difícil definirlos. Los de Pascual en solitario son maravillas, himnos al caos y la introspección. Podría escucharlos una y otra vez, durante una semana entera, sin cansarme.

Surfin’ Bichos siempre fueron los putos amos del rock español, del rock crudo e infeccioso, del rock viral. Sus discos eran la banda sonora perfecta para tormentas emocionales, desgarros neuróticos y violentos viajes internos. La ira que la banda albaceteña desplegaba no parecía proceder tanto de las circunstancias sociales, sino de la profunda sensibilidad de sus miembros. Algo que hacía que sus discos pudieran sonar bien en medio del desierto, en un club de madrugada o como hipotética banda sonora de una película de Iván Zulueta, Agustí Villaronga o David Cronenberg.

En las últimas décadas, ha habido dos bandas superiores al resto en España: Radio Futura y Surfin’ Bichos. Ambas muy diferentes, pero las dos con idéntico ánimo de avanzar por senderos arriesgados. Surfin’, claro, eran mucho más viscerales. Eran pura bilis cerebral. Música para sacudir conciencias y romper tabúes. Una locura subterránea que nunca caía en tópicos estériles. Pocas bandas más vivas, más intensas, más ciegas (en el buen sentido), llenas de lirismo bíblico, cordones umbilicales y salvajismo ancestral.

Obviamente, no podía faltar al concierto de Joaquín Pascual. Su último disco, No hay nada que hacer por el romanticismo, es otra lección (y van decenas) de lirismo lisérgico. Una negra, oscura lanza por los solitarios y por los excluidos y apartados, llena de extrañeza, que vuelve a invocar las tormentas.

No hay nada que hacer es uno de esos discos que se confunden con la lluvia y las depresiones, las miradas turbias, los deseos caídos, y al mismo tiempo es una incisiva mirada al aislamiento provocado por la manipulación mediática y política. Al contrario que, por ejemplo, Nacho Vegas, a Joaquín le bastan varias metáforas cáusticas y dos o tres frases sin aparente sentido para describir perfectamente el panorama social. También, claro, el mundo interior de quienes soportan la sociedad globalista, el poscapitalismo.

¿El concierto? Pues fue una boda íntima entre Pascual y los que nos acercamos a verlo. Joaquín se presentó solo con su guitarra y dio un recital íntimo, discreto, arriesgado, en el que revisó varios temas de su último disco y otros tantos de su esquiva discografía.

La sensación fue muy buena. Joaquín se mostró cercano, imperfecto y, por eso mismo, verdadero. Real. La impresión fue la de estar con alguien maduro, que no ha dejado de crecer y que aún continúa tomando riesgos. Un músico que, lejos de tener un ego nutrido, demostró tener un corazón de oro. Cuando varias personas del público le pidieron que interpretara sus versiones de T. Rex, Roy Orbison o Velvet Underground, no solo no puso problemas, sino que se mostró encantado. Llegó, de hecho, incluso a repetir el tema con el que había iniciado el concierto por expreso deseo de una mujer a la que la letra de esa canción, en concreto, había ayudado sobremanera a surcar el día a día.

En fin. No siempre talento y bondad van unidos. En el caso de Joaquín Pascual, sí que parecen estarlo. Después de sumergirme en su mundo, me cuesta dejarlo. Sus canciones sí que son dignas de una adicción. Adicción al riesgo, a las heridas, a la carne.

¿Qué pasó después? Pues que, entre unas cosas y otras, acabé en Lonja Negra. Lamentablemente, llegué tarde y apenas pude contemplar diez minutos del concierto de Revendless (Adrián Camáñez). En realidad, no iba a entrar, pero escuché un acorde desde fuera de la sala y, al momento, me di cuenta de que lo que allí dentro sonaba era más que interesante. En cualquier caso, me bastó ese escaso tiempo para quedar fascinado por la propuesta seca, sideral, por el introspectivo viaje en el que nos sumerge el músico valenciano. Una mezcla entre post-rock, ambient y futurismo psicodélico que lo mismo me hacía pensar en imaginarias películas de ciencia ficción que en cabinas telefónicas aplastadas en un paisaje industrial.

La que sí pude ver al completo fue la actuación de Tusa. Una sutil petardada, una peligrosa y oscura traca de vértigo industrial, ritmos rayados, violencia sonora y techno explosivo que a veces recordaba levemente a Cabaret Voltaire, otras a Front 242 y, en ocasiones, a la banda sonora de un filme de terror o bélico. Una experiencia divertida. Ideal para bailar, destrozar espejos sociales y drogarse, aunque sea, como es mi caso, mentalmente.

Por si fuera poco, el día después asistí a un evento sobre el que alguien nos habló en Lonja Negra. Me refiero al concierto de Tzetze en Güerta Paraíso. Un recital enmarcado dentro de un ciclo musical organizado por el colectivo Bestiaparda__ en un bonito lugar de la huerta de Murcia. ¡Genial! ¡Como para no ir!

Desconocía totalmente a Tzetze, una banda de Madrid formada por dos integrantes, Claire y Raúl, que derrocharon buen rollo y convirtieron un domingo cualquiera de primavera en un sutil homenaje troglodita y primitivo al groove y al rock.

Los dos utilizaban una serie de efectos para reforzar lo que conseguían a la batería y la guitarra. Una especie de vendaval cavernícola lleno de energía visceral y ritmos cálidos que lo mismo invocaban al ruidismo más tribal como al surrealismo tropical, que obviamente me gustó mucho.

¿Era eso post-punk, post-todo, un encuentro entre el punk y la samba bajo el prisma de dadá? ¿Un guiño astral a The B-52’s, los Devo más terrenales y al mundo de los dinosaurios? ¿Un homenaje a Los picapiedra pasado por el filtro del rock y el calipso? ¡Qué más da! Lo importante es que lo pasamos genial.

Tzetze incluso hacían pensar por momentos en los grupos de canciones corales de los 50 y los 60. También en Dick el Demasiado, el rey de las esquizoides cumbias afrodisiacas. Algo curioso, teniendo en cuenta que lo suyo es caótico y directo. Un puñetazo al estómago del ritmo que, sin embargo, combina perfectamente con sugestivas ideas flotantes y letras que, en ocasiones recuerdan a gritos silábicos en un mundo troglodita y simio, y otras a conjuros poéticos absurdos.

¿Qué más se puede pedir para un fin de semana? ¡Bailar, cantar y olvidar! El mundo a veces no es redondo. Es música, música y más música. Shalam

السم يتربص من المياه الراكدة

Del agua estancada espera veneno

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…viejuno joaquin pascual (deberia de modificar sus expresiones)…..
    2imagen….de teenager todo queda de pie…..
    3imagen….golpes bajos (si ellos lo hicieron yo tambien)…tipologia de letras como la portada de a santa compaña….
    4imagen….la tilde es el pajarito (animal)….buena idea inicial…
    5imagen…no vocal…¿sustancia musical?…(pollo sin cabeza)….
    6imagen…lo mejor las palmas de oro (trump)…..
    7imagen…la factoria murssiana (suiza)…(falta la vaca del pink floyd 1970)….
    PD…consumibles y digeribles (mal envejecidos)……rechazados the psychedelic furs…(con permiso de cantando bajo la lluvia 1952 y el mimo (bowie)……
    https://www.youtube.com/watch?v=4G_CAYf-itw&list=RD4G_CAYf-itw&start_radio=1

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    • Alejandro Hermosilla

      1) La edad no perdona. Cansa estar siempre en la vanguardia. Digo yo. 2) Imagina uno ahí a Gaingsbourg en los 60. ¿Qué podía pasar? Cualquier cosa. 3) La mujer de la portada podría aparecer perfectamente en un filme de Alejandro Amenabar. No sé si eso es un halago. Ja. 4) El cuervo. Poe. Todos en vigilia y atentos ante la oscuridad del mundo cotidiano. Rojo furia. 5) Al fondo un búho que pega con la imagen del músico. Tinieblas en medio de un café. 6) Más oscuridad. Más cuervo. 7) Falta una vaca enorme allí y varias medusas bajando del techo..jaj. también una foto de los Picapiedra. PD: conocí una alemana que se lió o mantuvo una buena conversación en Nueva York con el lider de the psychedelic fur luego el cantante de Suede se apoyó en Bowie, Peter Murphy y él para componer su look. jja

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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