Hace unos días comencé a leer Mundo turbio, la novela que Fernando Alfaro publicó escasos años atrás.Como apenas llevo unos capítulos no me atrevo a decir nada sobre ella. Prefiero hablar en este caso del prólogo de Carlos Zanón. Sobre todo, porque define a Surfin’ Bichos con tanta lucidez como claridad. Algo más difícil de lo que parece.
De tanto en tanto he intentado escribir sobre la banda y siempre que lo he hecho, no he logrado urdir más que tópicos repetitivos. Cuando uno se refiere a la banda de Albacete es muy fácil perderse en el caos, caer en un agujero negro lleno de referencias bíblicas que más que aclarar su mensaje, lo oscurece aún más. Así que no puedo más que aplaudir la sencillez con la que Zanón transmite los delirios rítmicos de Alfaro, Pascual y compañía.

Ahí dejo sus palabras: «Surfin’ Bichos no eran como los demás porque no venían de donde los demás. Carecían de la sofisticada tontería de quien vivía en Barcelona y Madrid creyéndose que lo hacía en Londres o Nueva York. Ellos eran tus amigos del pueblo que, los primeros días de las vacaciones, te hacían sentir pequeño, débil y estúpido; que hablaban raro, raso y al pie, que tiraban piedras a dar y volvían de noche por la carretera. Aquellos músicos parecían sonar desde un pozo en medio del campo y eran secos y tenaces, y te recordaban más a Violent Femmes y a Los Enemigos que a otras bandas patrias que a principios de los noventa compartieron ruidismo, psicodelia y escenarios. Ellos exhibían un inaudito complejo de superioridad de provincias, porque de su situación fuera del centro habían hecho su fuerza y su campo magnético. No iban a las fiestas de los otros. Tenían su propio agujero negro. (…) Las letras de Fernando Alfaro y la manera de decirlas, esa burrada atroz de una Biblia a la que le hubieran arrancado el Cantar de los Cantares y todo el Nuevo Testamento, cantadas no como un predicador poseso (que es la tradición de Gordon Gano o Nick Cave, cada uno en su estilo y haber), sino como un tipo en la barra de un bar que habla para sí mismo y recrea todos los benditos tarados —en palabras de un tema de Nacho Vegas— con los que se ha tropezado o a los que partió en dos un rayo. En las canciones de Surfin’ Bichos y Chucho sigues sintiendo que existen las atrocidades y los pecados, los crímenes siguen siendo inconfesables, al contrario que en otras letras y otras canciones, donde todo suena afectado o como la representación de una representación de una cosa que alguien vio en una película. El imaginario de Alfaro suena incómodo e inhóspito, cercano, tribal y, en especial, terriblemente solitario, porque los tipos abollados no encajan en ningún sitio».

En fin, resulta difícil captar el aura y magnetismo de estos francotiradores del rock con menos palabras. Sólo me resta aplaudir y añadir unas cuantas frases más de mi cosecha.
Surfin’ Bichos eran los perros del rock español. No hacían canciones, ladraban. Eran bestias más que músicos. Su neurosis era real. Era la de la gente común atormentada. La de quien sabe que nunca triunfará. Que su única recompensa diaria es respirar, componer temas, escribir. Eso sí, si es posible, hacerlo con la mayor intensidad posible.
Surfin’ Bichos eran orgullosos no por su talento. Eran orgullosos porque sabían que no triunfarían. Así que podían ser ellos mismos, todo lo chulos y crípticos que desearan. Podían componer letras que lo mismo parecían capítulos perdidos de una novela de Cela que un pequeño ensayo de Bataille. Todos los discos de Surfin’ Bichos nos recuerdan que vamos a morir, que no nos vamos a escapar. Algo que no ha hecho ningún grupo de rock español con la lucidez e intensidad de la banda albaceteña. Mucho menos de pop.
Surfin’ Bichos eran extraños de un modo natural. Porque tenían un mundo propio y demasiadas cosas que decir. Eran agresivos de un modo lírico y bestiales de manera poética. A veces parecía que hacían pasodobles neuróticos. Música para masturbarse más que para follar o más bien, música para gente que no puede follar y necesita masturbarse. Los asesinos, los locos, los enfermos de los que hablan no asustan por su deformidad sino por su realismo. Muchos de ellos parecían sacados de un cruce de una crónica de sucesos de un diario de provincias, de una novela de Cela y un cómic onírico. Eran tan míticos como Caín y tan reales como cualquiera de nuestros vecinos.
Las canciones de Surfin’ Bichos eran golpes. Puñetazos. Sufridas odas neuróticas. Ganchos directos al estómago de los oyentes. Eran cervezas calientes que enceguecían más que las frías. Eran locura. La manifestación más clara dentro del arte español de que el arte es demente y turbio o no es. Shalam
الدودة تغفر للمحراث الذي يقطعها.
El gusano perdona al arado que lo corta






1imagen…no, no es suficiente con mirar a lo alto de la cupula….
2imagen….el caso de la masacre de puerto urraco….
3imagen…la demasiada fe hace que la fe tenga poco diametro….
el contagio de los animales beeeeee!….
4imagen…el comienzo del fantasma de la libertad….(1936)…y ademas con la iglesia catolica al lado…..
5imagen…pongo lo que tengo pero tengo todo lo que hay que tener para ser un star…..
PD1…circus star…pasen y vean….cab calloway & nicholas brothers 1943 esto le gustaba mucho a don federico fellini…jajajjj
https://www.youtube.com/watch?v=_8yGGtVKrD8&list=RD_8yGGtVKrD8&start_radio=1
PD2…https://www.youtube.com/watch?v=X2D2jrqMbBY&list=RDX2D2jrqMbBY&start_radio=1
orquesta mondragon…1979
1) Al otro lado de Alguien voló sobre el nido del Cuco. El pijama como camisa de fuerza. Estamos locos cuando soñamos. ja. 2) Me postulo como actor para una nueva película de Julio Médem. Soy el nuevo Karra Ejelalde. 3) Los mandamases del pueblo. Aquí no hay burgueses. Sólo artistas. 4) Condenados a muerte por vivir en un pueblo y no consumir. 5) Mundo siniestro. Iremos más allá de Arrebato de Zulueta. Construiremos sobre las ruinas de los pueblos y de ese filem. PD: 1)la orquesta norteamericana perfecta.. tal vez demasiada perfecta y profesional si comparamos con mondragón 2) la orquesta de Gurruchaga se nota que hay locura de verdad.. delirio que no se queda en el escenario. No hay pose. Muy bueno el señor Pochoco. Gurruchaga, como dicen en comentarios, puro Joker.