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Sagrado y desagrado

Ene 4, 2023 | 3 Comentarios

Cada vez que leo un libro de Rubén Martín Giráldez pienso en términos musicales o plásticos. Recuerdo que cuando leí Magistral, imaginé una habitación insonorizada en medio de un museo en la que un guitarrista solitario emitía ruido con un sinfín de instrumentos al máximo volumen. Menos joven me hizo pensar en la banda sonora de un videojuego. Esa música indeterminada y ambigua (parecida a un torrente) que emerje del fondo de la pantalla de la computadora cuando destrozamos naves y marcianos. El hijo del corrector me pareció una sesión de escritura llevada a cabo por dos djs. House turbio. Y Sagrado y desagrado me ha hecho pensar en la música medieval. En zambombas, tambores, panderetas y liras. En las voces de actores enmascarados resonando por pueblos perdidos de España en los que su huella espiritual y recuerdo se encuentran eternamente grabados.

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Sagrado y Desagrado es uno de esos libros que afortunadamente no se pueden (ni se deben) explicar. Es uno de esos textos que ridiculiza a los profesores universitarios y exégetas que intentan desentrañarlo porque es más cántico (no de pájaro, eso sí) que literatura. Parafraseando el nombre de los personajes que aparecen en medio de la función teatral, es un Bocú-libro. Un Rañé-poema. Un Blanc-lienzo en movimiento-Mage. Una Moderada-estrofa. Es dadá sin ser propiamente dadá. Y es Rabelais sin ser necesariamente Rabelais. Es eso exactamente: Sagrado y Desagrado. Una nariz sin nariz. Una barba sin rostro. O un rostro lleno de pelos y barbas. Es sí, una promesa de parranda y twist. Una receta para «saber comportarse como si el señor estuviese en casa mientras no está en casa».

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Hay algo que pone muy claramente de manifiesto Sagrado y Desagrado. En realidad, todas las novelas de Giráldez lo hacen. Pero ésta última mucho más que las otras. Los modernos (esos que ya han dejado atrás la tradición; esos que no aparecen en su libro) no sabemos leer. Hemos perdido el contacto con las fuentes. Durante el siglo XX, hemos dialogado con los orígenes de la cultura, con la memoria oral, con los rituales o con las tradiciones a través de la sociología, la antropología o los ensayistas. Y ahora lo hacemos a través de la parodia o la frivolidad virtual. Ya no entendemos lo que los mitos (tampoco, claro, las fiestas antiguas) nos quieren decir porque además de llegarnos traducidos, estamos obsesionados en encontrar respuestas a nuestros desvelos en ellos. Y ninguno de los jolgorios atávicos (como debería serlo la literatura) tiene en el fondo nada que aportarnos y decirnos más que su mera existencia.

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¿Qué hay tras la máscara? ¡¡¡Otra máscara, estúpido!!! ¿No te habías dado cuenta?

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Sagrado y Desagrado es un libro complejo no tanto por lo que cuenta y cómo lo cuenta sino por la desconexión del mundo moderno del tradicional. El pecado que pagamos por haber convertido las fuentes de nuestra cultura en memoria. Habernos separado del lenguaje-río-oral.

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¿Y qué hay tras una ostia? ¡Pues esta otra ostia que te meto!

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En Magistral, Giráldez convertía el lenguaje literario en ruido. En Menos joven en banda sonora. Motor de automóvil. En Sagrado y Desagrado lo transforma en flauta. El lenguaje, en cierto modo, vuela como las notas emitidas por un músico medieval en una callejuela de un pueblo vacío. El lenguaje, sí, retorna a la caverna. Al hueco. A la sombra. Por eso Sagrado y Desagrado es como una comedia del Siglo de Oro antes del Siglo de Oro. Es una obra que perfectamente podría haber contemplado la Celestina durante alguna de sus incursiones en los pueblos para comprar tomillo, yerbabuena y una docena de sapos. Es todo aquello que buscan los sociólogos y antropólogos occidentales en sus viajes a exóticas islas y países y que, en el fondo, se encuentra en las plazas y callejones de cualquier pueblo hispano. La runa. La marioneta. El símbolo-estatua. Eso que hemos convertido en exótico y típico a fuerza de ignorarlo.

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Me gustaría saber lo que diría Freud de haber podido leer esta obra. Más que nada, porque, de algún modo, este libro-personaje creado por Giraldez que a veces es un libro-soberano, otras un libro-criado e incluso se atreve en ocasiones a ser libro-barba y también libro-bruja y libro-mujer (memoria de la gruta materna y la caldera lingüística) es, en cierto modo, un reflejo del combate entre los varios yoes de una persona. Entre el ego, el ello y el superyo y la ega, la ella y la superyo. Todo lo que somos antes de nacer (previamente a ser fecundados) y perdemos en cuanto emerjemos del vientre. Así a secas.

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Según creo, Giráldez no ha querido dar demasiadas explicaciones sobre su Bocú-libro. Algo que puedo entender perfectamente. Porque tampoco los titiriteros dan ninguna explicación sobre su obra cuando llevan a cabo una función. Los niños y adultos contemplan la escenificación, la pelea de los títeres, los diálogos y encontronazos y lo mismo aplauden que se van sin rechistar a comprarse una golosina o a tomarse una cerveza en el bar de la esquina. En cierto modo, Sagrado y Desagrado es eso. Una función de títeres, una obra de teatro oral y no hay por qué explicarla. Te sientas, la lees y con las mismas, o bien la olvidas o bien la aplaudes y le das unas cuantas monedas al que pasa con el tarro de monedas.

Obviamente, esa actitud, ese modo de concebir la literatura va a contracorriente del mundo moderno. O más bien, de los modos de consumir arte actualmente. Por eso, como otras obras suyas, (pero ésta en mayor medida) Sagrado y Desagrado es una puñalada trapera contra la literatura actual. Un estornudo en una clase de crítica literaria. Es un ladrido rabioso que intenta demostrar que no hay literatura antigua ni moderna sino palabras, tradición, rituales, fiesta y lo que no sea eso, es directamente una engañifa. Puro comercio. Adulterio. Especulación. Crimen.

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¿Qué hay detrás de Picasso? El arte africano. Los monolitos. Los toros. Las vasijas griegas. Las lanzas ibéricas. ¿Y detrás del Bakalao?  Las danzas nocturnas. La fiebre. La epilepsia rítmica. Los tambores de la tribu. La muerte de éxtasis. El goce dionisíaco.  ¿Y detrás de lo Sagrado? Lo Desagrado. ¿Y detrás de lo Desagrado? Lo Sagrado. ¿Y detrás de Lo Sagrado y Desagrado? Un coro griego. Unos cuantos personajes que son uno (y, al mismo tiempo, varios) porque, en el fondo, en los libros no hay más personaje que el lenguaje. Sexo, palabras, ecos y ritmo. Cara y culo. Lo oral. Lo-o-ral. Un nuevo orden mágico. shalam

بعض المال يتجنب القلق ؛ كثيرًا ، فهي تجذبهم

Algún dinero evita preocupaciones; mucho, las atrae

3 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…agapito marazuela…
    2imagen….anonymous….rubens(las tres gracias)….
    3imagen…un africano en segovia…jajajjj
    4imagen…trompicon de alonso quijano….
    5imagen….agapito por jose maria parraga….
    6imagen….pantomima tirititera….
    7imagen….acercandose al senecio de paul klee…….
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=IY7zX1YPUmo………la cigüieña…agapito marazuela….

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  2. Alejandro Hermosilla

    1) El tonto del pueblo 2) Canguros cubistas. 3) Fotograma de un descanso en el rodaje de una vieja peli de Berlanga o de un cineasta español olvidado. 4) una botella vino con rostro humano atravesada por Alonso Quijano. 5) don Quijote se ha pasado a la flauta. Fauno quijotesco. 6) Anacleto y doña Urraca. El lejano origen de los comics TBO. 7) Personaje de un poema inca PD: lo de agapito encaja perfectamente con Desagrado.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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