Dejo a continuación un nuevo avería sobre algunas de las últimas lecturas que he realizado. No sé si hace falta recordar que mi ánimo no es crítico. Yo no soy un crítico. Simplemente, de tanto en tanto, necesito dejar constancia de lo que voy leyendo. Más que nada porque me permite ordenar mi cerebro y sacar conclusiones que, de no dejar plasmadas, olvidaría. Se irían lejos, muy lejos, como se va la vida, (ese gorrión), o como se está yendo esta mañana.
Este es por cierto el cuarto de esta serie. Habrá otro pronto. El último de esta tacada.
Unas cuantas lecturas (4)

Alberto Olmos. Tía buena.
Considero a Olmos un más que lúcido y agudo observador de la realidad. De esos que obligan a releer dos o tres veces sus artículos para deleitarse con sus reflexiones. Se esté o no de acuerdo con él -(¿Qué más da?)- hay que reconocer que el escritor segoviano es un enjundioso articulista. Puntilloso, agudo. En cada uno de sus artículos siempre hay dos o tres frases que calan, de esas que se clavan como agujas en el cerebro de los lectores. Tal vez por eso nunca he logrado disfrutar del todo con sus novelas. No me creo del todo al Olmos novelista. No me convence. Probablemente no le presté la atención necesaria. Pero el articulista me parece en determinados momentos grandioso. Alguien por el que merece la pena pagar religiosamente la subscripción a El confidencial.
Debo reconocer que de Olmos me da cierto reparo hablar porque lo he visto destrozar con tan facilidad a tantos escritores que, obviamente, uno prefiere mantenerse lo más lejos de su radar. Ni para bien ni para mal. Mejor lejos. Algo que en el fondo no dice nada malo de él. Lo que dice es bueno. Olmos es alguien que al menos imprime riesgo y vida a sus textos. Te hace sentir vértigo, miedo, peligro. Muchas veces he acabado riéndome con una de sus críticas, otras alucinando con la lucidez de sus reflexiones. En alguna ocasión odiándolo. ¿Qué más da? Lo importante es que un escritor vivo. Rebelde, crítico, independiente. Algo difícil, muy difícil de encontrar dentro de las habituales servidumbres culturales.
Dije antes que no me termino de creer del todo al Olmos novelista. También que el articulista me parece soberbio. Pues bien, el Olmos ensayista me parece muy bueno. Disfruté mucho Vidas baratas. Elogio de lo cutre. Tanto como para tener claro que seguiré leyendo todo lo que publique en ese género. Por supuesto, he gozado asimismo de Tía buena. Un libro en el que Olmos aclara dentro de lo posible dónde y cuándo surge ese término tan popular actualmente. Algo mucho más difícil de lo que podría parecer a priori. También por cierto hace un repaso por algunos de los momentos claves en su propagación.
Me han resultado muy valiosas las reflexiones de Olmos a raíz de la célebre escena de La tentación vive arriba, el filme de Billy Wilder. Me refiero a aquella icónica en la que el vestido blanco de Marilyn Monroe se alzaba debido a la ventilación del metro de Nueva York. Una instantánea publicitada (antes y después) hasta la extenuación por la 20th Century Fox, que provocó la ruptura entre Joe DiMaggio y la musa rubia.
También me han gustado mucho el recuento de las peripecias biográficas de Olmos. Sus particulares andanzas con alguna que otra tía buena. Sus entrevistas con meretrices sexuales o con mujeres conscientes de la fascinación que ejercen en los hombres. Y, por supuesto, me ha parecido mágico ese final en el que cita una célebre escena de Annie Hall en la que Singer (Woody Allen) «intercepta a una pareja atractiva por la calle. El hombre y la mujer parecen muy felices en su relación, y Alvy Singer les pregunta a bocajarro por qué. La mujer se lo explica: “Soy muy superficial y vacía y no tengo ideas ni nada interesante que decir”. “Y yo soy exactamente igual”, completa su novio».
La conclusión de Olmos al respecto no puede ser más clarividente: «Quizá nadie sabe lo que es el amor».
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Raúl Quinto. Martinete del rey sombra.
Hace unos años publiqué una novela. Un reino oscuro. No me gusta mucho hablar de mis libros. Cualquiera que siga avería lo sabrá. El mundo del arte es tan amplio, tan diverso, que me parece un exceso hablar de lo que uno hace una y otra vez. Un abuso del ego. ¿Qué más da? ¿A quién le importa lo que yo escriba teniendo a Robert Musil, Franz Kafka o Jonathan Swift en su mesilla de noche? ¿Pudiendo volver a ver Demons o escuchar un disco de Black Sabbath?
En fin. Si realizo esta alusión es porque creo que existen unas cuantas concomitancias entre Un reino oscuro y Martinete. Concretamente, en la visión decadente, casi fantasmagórica, que Quinto y yo damos de la monarquía, de los reyes antiguos. Y son precisamente esas fascinantes similitudes las que explican cuáles son los rasgos que más me gustan de esta novela. Las partes que resuenan en mi mente de tanto en tanto. Si no existieran esos parecidos probablemente hablaría de otras facetas de este delicioso libro. Pero como sí que existen y conectan con mis propias creaciones, no puedo más que aludir a ellas si quiero escribir algo sincero.

Estas similitudes explican, por ejemplo, por qué mi capítulo favorito del libro es el dedicado a los Borbones. Aunque en realidad no terminan de aclarar esta preferencia. Si es mi favorito es por la capacidad que posee Raúl Quinto de condensar en unas pocas páginas una genealogía a la que se le han dedicado libros y libros. Lo fascinante en este caso es que esa capacidad de síntesis no exime de profundidad al análisis. Cualquiera puede atisbar las malformaciones psíquicas que el poder provoca. El halo malsano que deja en quienes se acostumbran a que su palabra sea ley y sus deseos hechos.
Algo parecido se podría decir de la genealogía de los gitanos. Otro prodigio de síntesis que aclara en muy pocas páginas el origen de una raza. Al menos lo que se sabe del mismo. Martinete del rey sombra no es sólo una novela histórica. No se ocupa únicamente de los hechos que dieron lugar a la Gran Redada. El intento de exterminio de los gitanos que vivían en la España de Fernando VI perpretado por el marqués de la Ensenada. Es una obra que, en esencia, contrapone dos mundos. El orbe de los faisanes, de los tulipanes y de las flores raras, el de las excentricidades, las coronas finamente ornamentadas y el de los huecos caprichos con el de los caballos sucios y cansados, los carromatos, las largas caminatas y crianzas entre el sol y la luna y los alimentos hechos a la lumbre y engullidos al natural.
Supongo que cada lector percibe detalles diferentes en cada libro que lee. Lee su propio libro. Como dije antes, tal vez por haber escrito Un reino oscuro, lo que más me gusta de Martinete son los ecos sombríos. Los momentos en que la novela se convierte en una cámara de amplificación de la locura monárquica. Los pasajes en los que Martinete se transforma en una poética novela gótica. En un determinado momento, todo es negro y oscuro en Martinete. Esos son mis momentos de la novela. Los que más he disfrutado. Los pasajes en los que Fernando VI eructa, come o camina como un muñeco engolado entre los jardines y pasillos interminables de palacios parecidos a prisiones diabólicas. Aquellos en los que los Borbones se convierten en cisnes negros.

En realidad, Martinete es una fiesta violenta. Hay un recurso que Quinto utiliza con mucha habilidad. Lo hacía también en La canción de NOF4. El narrador acompaña al lector, lo interpela sin agobiarlo, haciéndole partícipe del mundo que se nos presenta en la narración. Eso provoca empatía y también cierta familiaridad que rebaja el nivel de angustia. Lo que Martinete narra es pura desolación, locura. Para mí al menos no es una novela sobre una matanza sino un fresco sobre la soledad y el miedo. La soledad de los gitanos, de los condenados a muerte y de los reyes, de los que condenan a muerte. El miedo de los monarcas a no ser inmortales y el miedo de los gitanos a ser briznas de hierba, demasiado mortales, gentes sin patria que ni en una iglesia pueden refugiarse.
El título de la novela no engaña. Martinete es una novela de sombras. No es perversa. No es destructiva. Es una novela de miedos, sigilos, odios, sombras y recelos que logran expandirse merced a una prosa que tintinea, una prosa de poeta que pone a bailar al lenguaje al ritmo de uno de esos acontecimientos históricos que engrandecieron el libro de la infamia humana. Ese gran ensayo sobre la locura que, cada cierto tiempo, los hombres nos empeñamos en ampliar al ritmo de nuestras neurosis e ínfulas narcisistas.
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José Luis Fullea. Zanwy.
Si existen los libros raros, Zanwy es uno de ellos. Para bien, claro. La novela (no miento) es una mezcla entre Ulises 31 y un relato junguiano.
Resulta difícil definirla pero creo que tal vez un modo correcto sería el siguiente: un viaje del héroe (a lo Joseph Campbell) adaptado a nuestro mundo contemporáneo. Algo parecido tal vez sólo podría habérsele ocurrido a Rubén Martín Giráldez.
Todos los personajes de la novela remiten a dos ámbitos. El de la mitología y el de la filosofía. El de las epopeyas clásicas, los libros de teología y doctrina moral, las novelas griegas y latinas o las renacentistas y barrocas pero, al mismo tiempo, a la realidad.
En verdad, Zanwy no es tan difícil de explicar. Su protagonista es un nini (un nini, claro, que recuerda a Edipo) que, tras años viviendo a la sopa boba en casa de sus padres, decide emprender un viaje. Salir a buscarse la vida. Pero en este caso no encontrará sirenas ni Cíclopes o navegará por el Mediterráneo como Odiseo sino que navegará por el mar de internet y encontrará todo tipo de personajes de nuestra fauna contemporánea: influencers, conspiranoicos, narcisistas o precarios además de todo tipo de objetos, fenómenos y personajes (más o menos reconocibles de la vida social y política) camuflados con apodos de resonancia alquímica o griega como es el caso de Pantaia, Marzuker, Selfia, Amazonio, Likea y muchos y muchos más.

Obviamente, una maravillosa locura como esta sólo la podía llevar a cabo un tipo totalmente apartado del universo literario. Alguien que vive en su mundo y no desea tener nada que ver con las editoriales. Es una pena porque tal vez el libro hubiera ganado con un índice en el que los lectores pudiéramos tener la certeza de con qué personaje real está interactuando Zanwy. También un buen editor hubiera ayudado a que el libro, sin perder vuelo, fuera más concreto y llegara a más lectores. Pero al mismo tiempo, ese amateurismo le da un toque al libro muy libre y alocado. Lo convierte en una divertida bomba simbólica.
En realidad, Zanwy es un vuelo cósmico, un poskitos, un episodio de Ulises 31 y supongo que es mejor mantener ciertos tesoros lejos del despiadado mundo adulto. Zanwy, sí, debe habitar su propio espacio. Crearlo. ¡Ja! Para entendernos, Zanwy es Zanwy. ¡Ja! ¡Quien desee entender el porqué de esta última frase que lea la novela. Un globo que sube y sube. La piruleta de la filosofía.

Mención especial por cierto a mi personaje favorito del libro. El Doctor Dosantos. Un héroe de la era twitter. Alguien que trabaja diariamente en su oficina para encontrar la fórmula del insulto perfecto. «El Sumo Insulto. El agravio final. El sumo improperio. (…) Un insulto tal que no contemple replica. Un insulto que unirá por fin a todos los pueblos en un único espumarajo».
En fin. Zanwy es una alegoría de nuestra sociedad. Jodorowsky le daría el visto bueno. En el Tarot su publicación vendría marcada por la carta de El loco. Su personaje realiza un viaje que nos remite a El Mundo. Y entre medias, aparecen todo tipo de personajes que podríamos identificar con el resto de arcanos (y con multitud de personajes reales e históricos). En Zanwy, la realidad siempre remite al cosmos y el cosmos a la realidad. Tal vez, sí, nuestra vida no es más que una enorme metáfora. El único viaje que importa es el interno pero no es posible emprenderlo y concluirlo sin salir al espacio, sin caminar. Hoy las sirenas no se encuentran en los océanos sino en youtube. Shalam
أفضّل أن أعتقد أن الله ليس ميتًا، بل مجرد سكران.
Prefiero pensar que Dios no está muerto, sólo borracho





1imagen…https://www.youtube.com/watch?v=9nEsIFLRZko…ron, ron, ron, y una botella de ron…..
2imagen….estas tias buenas estan lejos……
3imagen….esta tia buena esta cerca…(en cada calle hay tres o cuatro)……
4imagen….ron, ron, ron, y una botella de ron…..
5imagen….monton de cabezas esperando a la guillotina…..
6imagen….incluso hay guillotinas familiares……
7imagen….zanwy electron tatuado en la sien de color…..
8imagen….todo pudiera ser japon pero no lo es (jarra y pastel de la figura central)……
9imagen….al partir un beso y una flor…..
1) Violencia nocturna. Curro Jimenez al servicio del Borbón. Caballeros franceses. Piratas reales. 2) Anda. Están desnudas parece. No es tan fácil ver eso. 3) ¿Pero el traje de él no se mueve? ¡Horror! Muerte al patriarcado. 4) La botella de ron. 5) ¿Quién agacha más la cabeza? ¿Quién es más genuflexo? 6) Sólo falta Teresa Campos para tener una maravillosa tarde de cine. 7) Los ojos del nini andrógino 8) Este hombre es el mago en el Tarot de Marsella. 9) El perro advierte al loco que la vida no es sólo aventura y felicidad. Ojo. El perro es buen amigo.
Pinta muy bien no lo conocía, como tantas cosas
Gracias Eduardo.