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Papelinas

May 17, 2025 | 2 Comentarios

Revisando los borradores de avería me encuentro éste en concreto que escribí hace una década. Hasta ahora no lo había publicado. Pero tal vez sea un buen momento. No comparto ahora mismo el tono extremo y visceral que predomina en el mismo pero sí, en gran medida, su contenido. El Alejandro de hace 10 años no está tan lejos (aunque sí que existen diferencias) con el de ahora y eso me regocija.

Papelinas

¿Qué es lo que busco al abrir un libro? En realidad, si soy sincero, destrucción. Lo que busco es que me destruya. No que me modifique ni me lleve de viaje. Lo que deseo es enfrentarme a bomba psíquicas y lingüísticas. Puñetazos. Golpes. Esa mano que agarra mi garganta y la aprieta fuerte y fuerte y más y más y más fuerte. Por eso, me da igual que esté bien o mal escrito o que tenga faltas ortográficas.

En el último año, por ejemplo, he leído por curiosidad varios libros magníficamente escritos y los considero meras anécdotas. Engranajes para conseguir premios y respetabilidad y excelentes reseñas que, en el fondo, me dejan totalmente indiferente. Los libros se han convertido desde hace varias décadas en pasaportes. Trámites que el escritor debe rellenar para ir de un lugar a otro. Al fin y al cabo, ¿quién va a criticar su obra?

Lo que todos los escritores saben actualmente es que casi el cien por cien de las reseñas serán positivas. ¿Para qué un amigo o un critico va a demoler un texto si de hacerlo se va a ganar unos cuantos estufidos, se va a cerrar varias puertas y va a ser considerado un farsante? Mucho mejor, criticarlo en privado y ensalzarlo en público y que la vida siga corriendo.

¡Hoy en día la crítica literaria es un mundo de Yupi! ¡Un maravilloso club de Toby! Un grupo de facebook donde para saber la verdad exacta hay que hackear los correos y leer los privados. Algo que ni tan siquiera hace falta, porque todos sabemos en el fondo lo que pensamos del MARAVILLOSO libro del amigo aunque no lo expresemos públicamente.

¿Cómo cojones nos van a gustar todos los putos libros que leemos? ¿Cómo cojones nos vamos a llevar bien con todas las personas del mundo literario si todos deseamos lo mismo y, por tanto, casi que estamos condenados a competir y envidiarnos? Yo amo los libros que me destruyen porque, de alguna forma, exponen la hipocresía social. Manifiestan que para ganar dinero hay que mentir al igual que para crear arte.

La mayoría de sesudos estudios actuales sobre el arte contemporáneo se podrían resumir con esta máxima: o mientes o estás muerto. No es que sean pedantes hasta decir basta. Es que son mentira, dicen mentiras y tratan sobre mentira. A lo mejor, leer algún ensayo de Deleuze es soportable -y esto sólo en días en que se haya comido ligero y se tenga la mente muy despejada- pero tener que consultar diariamente textos que son básicamente un adocenamiento de la creatividad, una justificación para conseguir un titulo o respeto, tiene por fuerza que afectar a las personas.

El sistema ejerce su poder en silencio pero te hace saber lo que piensa antes o después. O citas unos nombres concretos de autores y adaptas ciertas pautas de conducta o estás fuera de la Academia. O reseñas positivamente y agradeces cada mención pública o estás fuera del mundo literario. Pero así sólo piensa un burgués. Una mente calculadora, fría y racional. Un matemático de las letras. No un creador. Lamentablemente, se considera que un escritor es quien escribe libros y no creo que sea así. A ver. Que cada uno considere escritor a quien le de la gana. Yo en eso no me meto. Digo que para mí, el arte es o bien destrucción o bien diversión. O Swans o Van Halen. Me interesan los extremos. Lo que hay en el punto medio, no. De hecho, me aburre. Para eso, trabajo de funcionario y me pongo a contar el tiempo que me queda para cobrar mi pensión.

Yo no leo para ser más culto ni para vivir mejor. Leo para sobrevivir. Los libros son droga. Las portadas, papelinas. Los libros son borracheras. Huracanes. No son pasaportes. No deberían ser justificaciones. Hubo un tiempo en el que pensé que los artistas debían ser distintos de los futbolistas. Cuando yo jugaba al fútbol, el público me jaleaba. Pedían que marcara goles o lesionara a un rival. Todo el deporte estaba lleno de asquerosa competitividad. Había que pasar hambre o ser extremadamente maduro para soportar eso.

En el mundo literario hay actualmente que frecuentar la mentira. Estar dispuesto a mentir. Ser hipócrita. Matar. Algo similar a lo que ocurre en la política. El problema es que eso no se traduce en libros que destruyan a nadie. Se traduce en reseñas maravillosamente positivas y sueldos de funcionario. En fin, yo no quiero cambiar el mundo y a nadie. Pero lo que sí que pido es que la droga que necesito para vivir sea pura. Que el odio sea auténtico. Si eres un hijo de puta soberbio dame rabia y no mediocridad. Shalam

إِنَّ الطُّيُورَ عَلَي أَشْكَالِهَا تَقَعُ

Una pantalla grande sólo hace el doble de mala a una película

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….dum, dum, quien es?….una rosa y un clavel abre la muralla!……
    2imagen…..yupi yey…yupi, yupi yey…….
    3imagen….que te apuestas a que duermo debajo del puente……
    4imagen…..bang, bang….gloria, gloria……
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=BJebLiBCykk….quilapayun..
    la muralla(nicolas guillen)…….

    Responder
  2. Alejandro Hermosilla

    1) La llorona está de vuelta. Fantasma carnal buscando su propio reflejo. 2) Todo en la vida no es más que felicidad y tristeza. 3) Todo lo que tengo que decir de la literatura ya lo sabes pero lo digo como si fuera la primera vez que lo sabes. 4) El psicoanálisis no me ha curado sino que me ha vuelto loco. PD: muralla igual a orgullo y ego que en este caso es convertida en este caso en una muralla de lucha fraterna. Tema clásico de la infancia.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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