El órgano del miedo
En el año 2011, John Zorn tuvo una revelación "iniciática" al contemplar el órgano de tubo eólico de la capilla de San Pablo de la Universidad de...
Eurythmics era un grupo juguetón. Su música parecía una mezcla entre una sonata de Mozart, un nocturno de Chopin y uno de esos espectaculares singles de New Order. Tenían una vertiente glam muy divertida, cierta tendencia al travestismo y a la nocturnidad, que les permitía disfrazarse sin complejos y protagonizar vídeos que eran odas a la confusión de la época pero eran, asimismo, una banda seria y formal. Casi standart. Muy confiable.
Obviamente, una banda tan especial tenía que estar compuesta por dos personalidades igualmente especiales. Antitéticas y complementarias: Dave A. Stewart y Annie Lennox. Dos antiguos amantes que se conocían perfectamente, habían atravesado algún infierno conjuntamente y reflejaban con intensidad su particular relación en el escenario. Protagonizando múltiples escenas llenas de tensión y magia en las que rememoraban aquello que pudo ser a medida que se enfrentaban a sus miedos internos.
Annie Lennox, por contra, era un ángel. La imagen de la belleza, la sensibilidad y la cordura. Una persona muy centrada. Casi una intelectual de la música que aportaba las dosis de elegancia y sofisticación necesarias para que la banda se elevara varios palmos por encima de la tierra y tuviera carácter de estrella. Alguien con una capacidad interpretativa bastante importante que podía perfectamente ejercer el rol de demonio o perversa dominatrix pero resultaba mucho más creíble en el de virgen. Aunque, obviamente, teniendo en cuenta su talento, encajaba tanto como musa de violentos amaneceres como de sensuales anocheceres.
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