Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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No todo fue bueno por supuesto en aquel viaje. También intentaron atracarme. Pero me sentía tan lleno de energía y vida que logré hacer retroceder a los dos salteadores. Para huir del alboroto de una plaza, había decidido continuar caminando por una calle paralela desierta pero, a los pocos metros, aparecieron dos muchachos con una pequeña navaja que me impelían a detenerme y darles mi dinero. No obstante, puesto que me encontraba yo en una forma física excelente, no les hice caso alguno. Corrí hasta llegar a la plaza y, una vez allí, me di el gusto de volver sobre mis pasos y verlos huir mientras les apuntaba con el dedo y gritaba confiado -«policía, policía»- como si dos agentes me escoltaran. En fin. Cosas de la juventud. Ahora estoy convencido de que les daría mis pesos sin oponer resistencia y me sentiría afortunado de no ser golpeado. Sin embargo, los escasos años nos hacen osados. Yo en concreto me sentía un ángel. Un Rimbaud alocado que caminaba por América del Sur ávido de sorpresas y descubrimientos. Deseoso de encontrar esa llama sagrada que posee el arte y nos hace descubrir el infinito en cualquier horizonte. Por lo que afrontaba cada día como una aventura y cada una de mis caminatas como un viaje por fronteras lejanas y desconocidas.
Obviamente, también jugué mucho al fútbol durante aquellos días. Horas y horas desde que caía el sol hasta la madrugada. Y he de reconocer que pocas veces he disfrutado más haciéndolo. Los brasileños jugaban prácticamente bailando. Eran armónicos. No sentía allí esos destellos individualistas característicos del fútbol español del pasado siglo. No hacían excesivas faltas. Los equipos eran grupos. Bandas de compañeros. El balón iba al pie o al espacio siempre bien colocado. Existía respeto y alegría en el campo. No percibía competitividad. Esa lucha alocada por ganar que tanto caracteriza a los argentinos. En fin, disfruté tanto que he de reconocer que no me he vuelto sentir tan bien practicando este deporte. Y desde entonces, me he tenido que conformar con mirarlo desde afuera para sentir idénticas sensaciones. De hecho, aunque por mi forma de ser, me identifico más con la selección uruguaya y no tengo dudas de que la España de Xavi e Iniesta fue un orgasmo histórico, sí que tengo claro que, más allá de las circunstancias, Brasil siempre se mantendrá en el trono del fútbol por las sensaciones que experimenté. La dicha que sentí por el mero hecho de correr, pasar un balón o rematarlo entre aficionados de alma pura y técnica en algún caso de profesionales con los que por momentos me sentía volando por los cielos en una alfombra como si fuera yo un personaje de Las 1001 noches. Shalam
Siempre me gusta lo que escribes
Muchísimas gracias por tus palabras. Un abrazo.