Acorralado
Nada es casualidad en este mundo. O tal vez todo lo sea. ¿Quién sabe? Yo me inclino a creer que el caos gobierna y a través de sus gritos y ruidos...

Desde muy joven y dado su condición de vendedor de discos y, más tarde, propietario de una tienda en el sur de España, René intuyó que el dj sería la figura esencial que dotaría de nuevas dosis de energía a un mundo necesitado de bailar y bailar para olvidar los horrores del pasado. Pero teniendo en cuenta que vivía en una ciudad perdida de la España franquista, se vio abocado a la incomprensión a lo largo de buena parte de su existencia. Sin embargo, a pesar de todo, no desistió en su lucha por vivir y gozar de la música disco y comenzó a organizar fiestas nocturnas en horarios prohibidos dentro de su tienda en donde era posible experimentar con drogas mientras él y otros invitados escogidos lo hacían con una tremenda retahíla de música y computadoras alemanas y niponas gracias a las que conseguiría una experiencia que le serviría de mucha ayuda en el futuro. Cuando, tras ser clausurado su negocio por las autoridades policiales de Murcia y viéndose amenazado de ruina, decidiera dar el salto a Barcelona donde se haría un hueco en la incipiente escena de baile catalana como dj residente en el club “Dust”, que lo llevaría como figura emergente tras los platos durante diversos veranos a la isla griega de Mykonos para celebrar fiestas relacionadas con el amor en sus distintas modalidades: gay, bisexual, hetero, etc. Siendo ahí, entre cuerpos desnudos, sensualidad desbordante, baños refrescantes y un calor seminal cuando entraría en contacto con los grandes capos de la música de baile germana, rumana y búlgara y conseguiría un triunfo sin igual por su capacidad de contagiar su peculiar vitalidad y forma de concebir la existencia a través de la música de baile.
Es en Mykonos, en esa isla paradisíaca repleta de vicio y desenfreno, donde René entiende que el baile debe y puede ser conceptual y no detenerse jamás, que la música dance es una especie de bomba explosiva que, si se la sabe tratar con la delicadeza adecuada, no sólo debería ser degustada durante la noche sino en cualquier momento del día y comienza a gestarse en su cabeza lo que, posteriormente, será Forever dancing. Con las ganancias obtenidas y sus capazos de experiencia, René se siente seguro para dar el próximo paso. El más decisivo de su carrera. Vuelve a su ciudad natal, París, rechaza las continuas ofertas de los promotores de eventos y se aísla en un estudio de grabación donde, pacientemente, da forma a un disco que nace con la intención de ser el soundtrack eterno de la música de baile europea.
Concebido como un muestrario de lo que puede dar de sí todo un día dedicado a investigar las relaciones entre baile y cultura, Forever dancing es un disco de una enorme duración (8 horas) subdivido en 4 partes: “Matin”, “late afternoon”, “Night”, y “Amanecer”, y supone la primera manifestación adulta de lo que, hasta entonces, era sólo una fantasía imaginaria de la música disco underground que únicamente los muy expertos podían llegar a intuir. René va combinando todo tipo de estilos musicales, adecuándolos al estado de ánimo de un oficinista que necesita y ansía con todas sus fuerzas que llegue el último día de la semana laboral, el viernes, (existe una copia de este mismo disco de un tiraje de tan sólo 5000 ejemplares muy buscada en el mercado negro que tiene de título Friday), para lanzarse a la pista de baile. Y lleva el ritmo a cotas hasta entonces no vistas. Tanto que me atrevería a decir que el disco sería capaz de hacer moverse a un cadáver por la habilidad con la que combina reflexión e inteligencia con espontaneidad y visceralidad. Pues René tuvo el talento necesario para captar en los surcos de su maravillosa creación, la tensión que penetra en la espina dorsal de los hombres necesitados de divertirse horas antes de ir al club de baile, los momentos de exaltación y entusiasmo al cambiarse de ropa en su hogar, el éxtasis al llegar a la sala y comenzar a drogarse, beber y filtrear sexualmente así como la alegría o la decepción que sentirán al fin de la noche cuando los primeros rayos de sol impacten en sus ojos.
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