Un camino. Días 11 y 12.
Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a narrar mis sensaciones y experiencias en el Camino de Santiago. En esta ocasión, de los días once y...
No me dormiré si es posible mientras no consiga llegar hasta donde me encontraba hace unas horas. Y confío hacerlo con una sensación de victoria. Pero si no, al menos con la de no haber sido derrotado. El camino fácil es el de la depresión. Es necesario entenderlo y remar por más cuesta arriba que sean las circunstancias. Pues el imponerse a los obstáculos, da la medida de quiénes somos realmente y si merecemos ser libres, alcanzar un grado de conciencia superior en este mundo que se descompone a pedazos. Lo que no significa que nos hundamos nosotros con él. Al contrario. Acaso que debemos ser más que nunca fuertes, creer en nosotros mismos y obviar las dudas y falsedades para realizar aquello que hemos venido a hacer a nuestro mundo. Que no es tan difícil de saber. Basta con sentarnos a meditar en silencio y escucharnos a nosotros mismos. Observar las dificultades a las que nos enfrentamos y nos cercan y ponernos manos a la obra a vencerlas. Y si morimos que sea luchando. En mi caso, escribiendo. Imponiéndome al negro genio que no desea que me realice como persona y que, sabiéndolo o no, al ponérmelo tan difícil, me obliga a superarme cada día más. Ir más allá de mis límites y construir un territorio libre y franco, abierto al mundo, en el que mis libros acabarán introduciéndose antes o después. A pesar de lo dificultoso que parece días como hoy debido al despiadado ataque de esos demonios que nos chupan la sangre y desearían que bebiéramos, nos drogáramos o medicáramos para soportar esta existencia que no es más que una oportunidad. Una prueba que superaremos o no, siempre y cuando contribuyamos a empeorarla o mejorarla. Y, desde luego, bajo ningún concepto, si nos rendimos. Shalam
0 comentarios