Orquesta intergaláctica
La ELO era un grupo elástico. Era primaveral, sí, pero también un tanto veraniego y otoñal. Era la viva imagen de la fantasía. Hasta el punto de que...
Habría que utilizar innumerables tópicos para hablar con justicia de esta obra de arte. Gastados adjetivos que tal vez me reserve para el día que me decida a escribir de dos de las más estremecedoras joyas musicales que jamás he escuchado –Harvest y Harvest moon– sin las cuales no sé si la música pero, desde luego, mi vida habría sido diferente. Por lo que hoy únicamente señalaré que es por discos como Psychedelic Pill que uno está aquí vivo y no se tira de un barranco o aprieta el gatillo de una vez. Que es por esos muros espesos de sonido que luchan por encontrarse mientras la voz de Neil Young aparece y desaparece como si se tratara de un fantasma, que uno siente que todo, absolutamente todo en la vida tiene sentido. Porque escuchar Psychedelic Pill es algo parecido a cabalgar a lomos de un caballo por una pradera sin temor al frío o al viento. El disco se encuentra lleno de guitarras que relinchan. Parecen berridos de focas y abren fosos en la tierra y grietas llenas de luz. Está compuesto por canciones que son ráfagas de furia. Gritos de dioses airados que nos recuerdan que la vida no es lineal sino circular. Ese caótico magma descrito por William Faulkner en sus novelas. Un maremoto de ruido lleno de palabras violentas y estruendosas tormentas.
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