Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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La ELO eran un gran carrousel pop. Tenían canciones de rock clásicas, baladas dulzonas e irresistibles y melodías FM. En sus orígenes, tenían un deje hippie bastante acusado y en su etapa final de los 80, un toque AOR muy marcado. Balance of power es un disco ideal, por ejemplo, para escuchar en un descapotable y que podría pinchar perfectamente en una doble sesión junto a cualquiera de otro grupo con el que, en determinados momentos de su trayectoria, podría emparentar a la ELO: Boston. Más allá de que, como digo, la banda de Lynne era mucho más expansiva que la de Tom Scholz. Ya que, asimismo, transitaron (siempre con cierta levedad; ajustando las particularidades de cada estilo a sus concepciones musicales) los caminos del prog, el funk y el musical hasta casi desembocar en el kitsch, como en ciertos momentos de su contribución a la banda sonora de Xanadú.
Les costó, eso sí, encontrar la fórmula adecuada para desarrollarse. Sus tres primeros LPs están llenos de buenas ideas e intenciones pero, a pesar de ser sumamente disfrutables, aún son un poco inmaduros. Son lienzos con aristas que pulir. Los instrumentos de cuerda aún luchan en ocasiones con las guitarras para encontrar su hueco. Pero a partir de Eldorado enlazaron una serie de sobresalientes obras entre las que destacaría el soberbio Face the music. Una batalla intergaláctica con la historia de la música orquestal que logra perfeccionar el reino de la canción pop.
Cuando escucho muchos de los discos de la ELO tengo la sensación de estar introduciéndome en un cine donde proyectan una película de dibujos animados. Ir de viaje con otros niños a la mansión de Willy Wonka. En este caso, eso sí, un parque de atracciones repleto de caramelos y pocos peligros.
Si tuviera que rescatar una sola portada del grupo sería, sin dudas, la recién citada. Aunque, desde luego, la de Eldorado no anda muy lejos. Y, en gran medida, pone de relieve lo que, durante un tiempo, representaron sus discos así como el legado que han dejado. Puesto que la fotografía -un claro homenaje a El mago de OZ– es un chute de fantasía. Una invitación a seguir el camino de las baldosas amarillas y hacer de la escucha del disco y nuestra experiencia en la tierra un viaje. Algo, sí, muy psicodélico y hippie pero que, en esta ocasión, debido a las referencias al libro de Lyman Frank Baum tiene otras connotaciones. Un toque onírico y surrealista que, posteriormente, bandas como Flaming Lips recuperarían en algunos de sus discos de homenaje a una época en la que el mayor pecado de un artista era no atreverse a experimentar. Caminar por territorios desconocidos. Shalam
1ºimagen:….de la mandolina electrica lo que mas me gusta es la zona de la balconada, el cuarto cuadrante…..
2ºimagen:….de uno en uno vayan pasando al festin africano……..
3ºimagen:…gran mezcla sinfonica entre «abba» y «supertramp», un producto para conseguir una economia boyante……..bastante «benidorm»…….
4ºimagen:……»el ladron de bagdad»..g.coppini….https://www.youtube.com/watch?v=_In1X_47KoM…estos picaros velos……..jajajjjj…….
5ºimagen:…..si,si,…oz….si,si,..losas en el suelo……https://www.youtube.com/watch?v=Zi_XLOBDo_Y….billie jean..
1? ¿Es un disco de Boston, un platillo volante, un juego Simon? ¡No! Es un disco de la ELO. 2) La comuna. 3) Puro Supertramp esa foto. Sí. También muy Benidorm. Sensación de alegría y plenitud. Todavía no ha llegado el momento de tocar en Las Vegas. 4) Exacto. Ladrón de bagdag. Pasolini hubiera rechazado esta portada. Demasiado esteticista. El hubiera puesto algo más real. De pueblo. 5) Cierto. El momento 2:34 es puro Mago de Oz. Michael Jackson siempre viviendo dentro de una película.