Lonja Negra (4)
Dejo a continuación el cuarto y el último avería dedicado a mi relación con la música electrónica. En este caso, me centro ya al fin en los dos...
Penetrar en un disco de Cohen actualmente es hacerlo dentro de una iglesia. Pero no en una de esas monumentales catedrales del Románico o uno de esos suntuosos pasillos repletos de vitrales del Gótico sino en un pequeño recinto situado en el claro de un bosque. Una habitación iluminada por una sola vela que se mueve al ritmo de nuestra alma.
Si David Bowie era un gran seductor, cantaba siempre como si desease acostarse con quien lo escuchaba y Scott Walker como si encontrase encerrado en un castillo lleno de fantasmas, reyes caídos, piratas y reos heridos, Cohen lo hace como si fuera un profeta y estuviera dando un sermón milagroso sobre una montaña desde la que se otea la decadencia de Occidente pero también su esperanza. Y por ello, sus discos -y Popular problems no es una excepción-, son profundamente religiosos. Místicos. El Cántico Espiritual de la música contemporánea. Una prueba de que los caminos del exceso individual en ocasiones acaban desembocando en la sabiduría.
0 comentarios