Siempre joven
Dean Wareham es un músico que conjuga generalmente bastante bien un par de sensaciones contradictorias: alegría y nostalgia. En la mayoría de discos...
Ritchie Blackmore poseía una virtud no muy usual. La capacidad de, sin dejar de sonar rocoso, hacerlo a la vez con suavidad y viceversa. De hecho, conseguía en ocasiones que su guitarra pareciera un piano. Que sus cuerdas se encontraban llenas de miel. Y otras, que tenía fuego en los dedos. Algo esencial para perfilar el sonido que logró obtener. Para lo que fue también sumamente importante su interés por la música clásica. El hecho de que se adiestrara en el manejo de su instrumento con determinadas composiciones de los maestros del Barroco que combinaba con su interés por el rock de los 50.
No obstante, y a pesar de que amo a Deep Purple, son sus discos con Raimbow los que más me emocionan. Pues fue en este proyecto personal donde entiendo que Ritchie Blackmore pudo desarrollar sus ideas con total libertad. Creando verdadera magia y dibujando un arco iris musical melódico y dulce verdaderamente fascinante. Pura sensibilidad en medio de la selva de la música contemporánea.
En realidad, volviendo a escuchar los discos de Deep Purple o Raimbow (por no hablar de Black Sabbath) se percibe que la raíz del punk y el heavy no se encontraban tan lejanas. Que, en gran medida, el endurecimiento del sonido y la mayor concreción del hard rock respecto al rock progresivo ya era un dato que preludiaba la necesidad de buscar nuevos medios de expresión para canalizar la ira. Pero en Ritchie Blackmore, obviamente, el odio no estallaba en el insulto ni caía en el nihilismo porque a través de su guitarra, sí, intentaba explorar lo negro, la noche o la locura pero de manera intuitiva. Como si su instrumento fuera una especie de resorte chamánico a través del que conjugar el «aura» de diversas épocas históricas: explorar las leyendas de castillos envueltos en tinieblas, viejas brujas desmayadas o amores platónicos con la inmediatez del siglo XX.
Todos necesitamos paz y, teniendo en cuenta sus constantes desencuentros anímicos con los componentes de Deep Purple o Raimbow y los medios rockeros en general, era obvio que Ritchie Blackmore iba antes o después a tomar una senda más serena. Además de que, tras prácticamente tres décadas construyendo clásico tras clásico, debió sentir que ya había dicho todo lo que tenía que decir en el hard rock y podía dedicarse por entero al folk, la música medieval y sus solipsistas incursiones en la música clásica.
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