Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
Contenido relacionado
Videoaverías
Averías populares
Su estilo indudablemente marcó una época porque, a pesar de que sus discursos eran hilarantes y cósmicos, alocados y transgresores, vestía y se comportaba como un gentleman británico. Podía estar hablando de una ingestión de LSD o de lo mucho que le gustaban los cuernos de vaca envueltos en azúcar pero no se despeinaba. De hecho, a pesar de haber nacido en Norteamérica, la influencia de su padre había sido tan grande que su acentuación y uso de la lengua era estrictamente inglesa. Algo que no le perjudicaba en absoluto sino que contribuía a resaltar su originalidad. Llamaba efectivamente mucho más la atención que un señor con pinta de abogado o de cazamariposas con acento de oficinista de Londres o Manchester comenzara a delirar como un borracho transformando el lenguaje humano en una sucursal automovilística o una jungla que lo hiciera un jovencito con tupé y vaqueros.
En realidad, cada vez que escucho a Lord Buckley me pellizco porque no parece alguien real. Era el eslabón perdido entre un elefante loco, la bestialidad de Screamin Jay Hawkins y el nocturno sarcasmo y humor negro presente tanto en los episodios de Creepshow como en las anárquicas sátiras políticas. Era un circo humano. Una mezcla entre un actor de la Hammer y un predicador rockero. Era, sí, la carne y el alma de la cultura del espectáculo americana. Un precursor que no cesaba de improvisar e investigar y creaba nuevas formas de humor y comunicación porque parecía tratar cada discurso como si fuera un tema de Bop y las consonantes y vocales como pinceles o instrumentos de un lienzo expresionista o abstracto. La a lo mismo podía ser una batería que una flauta y la z el color rojo o amarillo. Una actitud, sí, muy afín a Tom Waits y a Frank Zappa. Otro de los músicos que se inspiraron en sus libérrimas parrafadas para poner en pie su cabaret freaki, homenajeando a esa Norteamérica a mitad de camino de una pesadilla y el país de las maravillas de la que Lord Buckey es uno de sus mayores iconos. Shalam.
0 comentarios