Un puño de camisa
La obra de Pessoa posee una cualidad muy grande. No importa cuánto se lamente el poeta, cuánto se queje y las desgracias que nos cuente, que nunca...


Tiendo a relacionar a dos maestros como Antón Chéjov y Nikolái Gógol porque el escritor ruso suele contar historias simples con una inquietante óptica personal que deforma su contenido hasta convertirlas en truculentas odas al absurdo. Decadentes narraciones llenas de claroscuros cuyo significado se encuentra siempre en fuga. Y por el contrario, el escritor ucraniano narra hechos absolutamente inverosímiles (caso de «La nariz» o Almas muertas) con tanta sencillez que prácticamente transforma sus alucinaciones poéticas en cuentos infantiles. Se leen con suma facilidad aunque no sepamos nunca con absoluta precisión a qué se refieren y se asomen continuamente a los abismos.
Acabo de escuchar las grabaciones originales llevadas a cabo en Menphis del polémico Give out but dont give up de Primal Scream y, en su mayoría, son una gozada. Realmente, mucho mejores, vivas y reales que las mezclas que se publicaron cuando cayeron en las manos de su compañia y fueron tachadas de suicidio creativo. ¡Qué estupidez! Si Primal Scream habían cambiando momentáneamente el mundo de la música popular con Screamadelica era por su intención de llegar a la raíz. Bobby Gillespie y sus colegas son locos, fetichistas del rock y había que dejarlos volar sin cortapisas. El primer Give out es fresco. Tiene alma. Está lleno de vida. Es una cerveza espesa llena de consistencia. No es perfecto porque es sucio. Es una exploración. Una conversación con Exile on main street. Huele a campo, a río y botas sucias. Y por el contrario, el que apareció en su momento carece de esa autenticidad. Siendo bueno, es más un disco artificial que uno real. Es, sí, un lavado de cara a la verdad que demuestra que en el mundo de la tecnología y la vanguardia hay tantos puristas como en el del rock. Shalam
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