Fugaz dispersión
Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al recién fallecido Jeff Beck. El cual recomiendo leer escuchando el siguiente y soberbio tema de su...
Neither Fish nor Flesh era una grabación sumamente juguetona. Sin perder el ritmo y la melodía, las líneas centrales de su sonido, Terence se ponía el disfraz de flautista de Hamelin y se adentraba en su territorio de las maravillas particular. Experimentando con los acordes y la producción de cada una de las canciones, como si fuera un artista circense.
Neither es una obra contradictoria. Hay amor y odio en su interior. Un artista despedazando su sonido y su alma en busca del conocimiento divino. Luchando por encontrarse con su verdadero rostro en medio de la frivolidad del mundo contemporáneo. Y por ello, es inolvidable. Una cima creativa. La carrerilla que necesitaba Terence antes de saltar al vacío con el soberbio Symphony or Damm. Una de esas obras que justifican toda una vida y que, desde su aparición, no ha sido superada por este incomprendido genio que fue capaz de degustar durante unos años el sabor de las manzanas de la inmortalidad y se atrevió con descaro y arrojo y casi con locura, a marcar e imponer sus propias reglas en el mundo de la música. A hacer valer la creatividad por encima de la comercialidad, convirtiendo sus discos en una especie de jardín salvaje impresionista que remite tanto a Gauguin como a James Brown. Shalam
0 comentarios