Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al recién fallecido Jeff Beck. El cual recomiendo leer escuchando el siguiente y soberbio tema de su álbum Blow by Blow: «Scatterbrain».
Fugaz dispersión
Mentiría si dijera que he sido un gran fan de Jeff Beck. Nunca lo he sido aunque guardo en mi memoria su aparición con el resto de componentes de The Yardbirds en una mítica escena de Blow Up como un momento icónico y también disfruté, durante mi adolescencia, de sus colaboraciones junto a Mick Jagger en los dos entrañables primeros discos en solitario del stone. Sin embargo, salvo en muy escasas ocasiones, el nombre de Jeff Beck no pasaba de ser una referencia de culto que leía en los libros y revistas musicales al que en muy escasas ocasiones presté la atención debida. De hecho, no recuerdo haber escuchado un disco suyo en solitario al completo hasta que leí la noticia de su deceso varios días atrás. Una muerte que realmente me ha conmovido. Ante todo, porque ha sido realmente delicioso cómo la hermandad rockera ha reaccionado en masa para despedir a uno de los suyos. Un gesto que me ha hecho pasar gran parte de estos últimos días transitando por varias de las suntuosas obras que la mayoría de sus fans citaban como referentes indiscutibles del músico norteamericano: Truth, Beck-Ola, Wired, Rough and Ready o Blow by Blow.

De las horas que he pasado revolviéndome entre los agudos punteos de la guitarra de Beck, concluyo que era un músico reconcentrado en su propio mundo. Uno de esos genios que había logrado establecer un diálogo tan íntimo y personal con su instrumento que le bastaba con tocarlo en su propia casa para sentirse satisfecho. Beck lograba extraer lamentos, chillidos, sonrisas de la guitarra. Sus punteos cortaban el aire porque, en realidad, lo que pretendía era que la guitarra hablara con él. No necesitaba, de hecho, adornarse con ningún tipo de declaración ni con ninguna clase de posturas. Tengo la sensación de que Jeff Beck era casi más feliz en un estudio de sonido o una habitación que tocando ante multitudes. Ciertamente, repasando actuaciones suyas en directo, percibo que llegaba un momento en el que perdía la conciencia de dónde se encontraba. Se fundía con la guitarra de tal modo que ambos eran uno y, aunque se hubiera ido el público y hubiera bajado el telón, él hubiera seguido tocando.
Creo que Jeff Beck no era un músico popular (para masas) además de por su peculiar relación con su instrumento fetiche porque era un guitarrista poliédrico. No hay un solo Jeff Beck sino muchos. Hay un caleidocopio inabarcable de sonidos que surgió de su guitarra. Probablemente su versión más conocida es la de guitarrista de The Yardbirds. Alguien capaz de convertir su instrumento en un cohete, en una bomba. Capaz de realizar vibrantes y estremecedores riffs que se encuentran en el germen de los míticos clásicos de The Who, UFO, Led Zeppelin y cientos de bandas acunadas escuchando la potencia de un instrumentista que, casi por generación espontánea y sin conciencia de ello, contribuyó decisivamente al nacimiento del hard rock.







1imagen….ese tipo de tela de la camisa de jeff beck(engurruñada) la usaban en los 70′ con los cuellos de «dali» (largos triangulos picudos), muy guapos, jajajjj…..
2imagen….jersey a rayas(minipull) para ir a ver al papa(roma)…….
3imagen….voy que te pasas…….
4imagen…..mi cabeza llena de beat y de jazzfussion…..
5imagen….the jean genie…..bowie…beck…3julio 73’….top….
PD..https://www.youtube.com/watch?v=0pGOFX1D_jg…love me do………62′
1) A mí lo que me hace gracia es el medallón hippie. Como que Beck en el fondo, era eso. Un guitarrista que sólo quería tocar y estar en paz. Y mucho amor. 2) Ahí tiene un aspecto que se diría ha influenciado a los guitarristas de Black Crowes o Guns and Roses y unos cuantos grupos más en su momento. Ese corte de pelo es icónico. 3) Aquí ejerce de adolescente que podría protagonizar una novela de Oscar Wilde. 4) Aquí parece un soldado del rock y el blues. Lo imagina uno ensayando junto a los Humbie Pie mientras Jimmy Page lo mira. 5) Lo máximo. No hay ni que comentar. PD: El éxito de lo simple. ¿Qué dirían los surrealistas sobre «Love me do»?