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Fugaz dispersión

Ene 16, 2023 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al recién fallecido Jeff Beck. El cual recomiendo leer escuchando el siguiente y soberbio tema de su álbum Blow by Blow: «Scatterbrain».

 

Fugaz dispersión

Mentiría si dijera que he sido un gran fan de Jeff Beck. Nunca lo he sido aunque guardo en mi memoria su aparición con el resto de componentes de The Yardbirds en una mítica escena de Blow Up como un momento icónico y también disfruté, durante mi adolescencia, de sus colaboraciones junto a Mick Jagger en los dos entrañables primeros discos en solitario del stone. Sin embargo, salvo en muy escasas ocasiones, el nombre de Jeff Beck no pasaba de ser una referencia de culto que leía en los libros y revistas musicales al que en muy escasas ocasiones presté la atención debida. De hecho, no recuerdo haber escuchado un disco suyo en solitario al completo hasta que leí la noticia de su deceso varios días atrás. Una muerte que realmente me ha conmovido. Ante todo, porque ha sido realmente delicioso cómo la hermandad rockera ha reaccionado en masa para despedir a uno de los suyos. Un gesto que me ha hecho pasar gran parte de estos últimos días transitando por varias de las suntuosas obras que la mayoría de sus fans citaban como referentes indiscutibles del músico norteamericano: Truth, Beck-Ola, Wired, Rough and Ready o Blow by Blow.

De las horas que he pasado revolviéndome entre los agudos punteos de la guitarra de Beck, concluyo que era un músico reconcentrado en su propio mundo. Uno de esos genios que había logrado establecer un diálogo tan íntimo y personal con su instrumento que le bastaba con tocarlo en su propia casa para sentirse satisfecho. Beck lograba extraer lamentos, chillidos, sonrisas de la guitarra. Sus punteos cortaban el aire porque, en realidad, lo que pretendía era que la guitarra hablara con él. No necesitaba, de hecho, adornarse con ningún tipo de declaración ni con ninguna clase de posturas. Tengo la sensación de que Jeff Beck era casi más feliz en un estudio de sonido o una habitación que tocando ante multitudes. Ciertamente, repasando actuaciones suyas en directo, percibo que llegaba un momento en el que perdía la conciencia de dónde se encontraba. Se fundía con la guitarra de tal modo que ambos eran uno y, aunque se hubiera ido el público y hubiera bajado el telón, él hubiera seguido tocando.

Creo que Jeff Beck no era un músico popular (para masas) además de por su peculiar relación con su instrumento fetiche porque era un guitarrista poliédrico. No hay un solo Jeff Beck sino muchos. Hay un caleidocopio inabarcable de sonidos que surgió de su guitarra. Probablemente su versión más conocida es la de guitarrista de The Yardbirds. Alguien capaz de convertir su instrumento en un cohete, en una bomba. Capaz de realizar vibrantes y estremecedores riffs que se encuentran en el germen de los míticos clásicos de The Who, UFO, Led Zeppelin y cientos de bandas acunadas escuchando la potencia de un instrumentista que, casi por generación espontánea y sin conciencia de ello, contribuyó decisivamente al nacimiento del hard rock.

En cualquier caso, repito, esa era una sola de las múltiples facetas de Beck. Otra, por ejemplo, de las menos mencionadas pero tan emocionante como las otras es la de guitarrista mesurado. Hay momentos en los que su guitarra logra detener el tiempo y en los que Beck se convierte en una mezcla entre Ry Cooder, Carlos Santana y un Paco de Lucía bluesero. Hay determinadas canciones en las que Jeff parece que no toca la guitarra sino que la exprime y que logra sacar notas en las que se condensa el jugo del instrumento. Pero, obviamente, hay otro Beck que parece más un saxofonista o un pianista que un guitarrista. Es capaz de cortar el viento y crear atmósferas como si fuera un primo hermano de Charlie Parker o Thelonious Monk. Existe, de hecho, un Beck ecléctico que quita el hipo porque esa faceta suya lo convierte en un músico picante, (a un paso del funk, del soul y del jazz ) pero que, al mismo tiempo, debido a su fascinante originalidad, logra situarse un paso más allá de todos y cada uno de esos estilos.

En realidad, Jeff Beck no tocaba ni blues ni jazz ni hard rock. Jeff Beck tocaba un estilo propio que debía haberse denominado como su nombre. Por eso tal vez no tiene una obra que sea considerada un clásico de absoluta referencia (al modo de Ziggy Stardust o Berlin) sino que más bien fue el creador de un ramillete de Lps interesantes que siempre están por explorar, siempre están por descubrir. Basta escuchar determinados temas de algunos de sus álbums míticos para vislumbrar que allí, entre renglones, de manera sutil, se encuentra grabado un lenguaje, un modo de tocar la guitarra, que todavía se encuentra a la espera de ser comprendido o, mejor dicho, traducido.

En fin, ahora que me he introducido impulsivamente en la obra de Beck, tan sólo lamento que su talento no confluyera con el de Bowie en unos cuantos discos. Más que nada porque percibo su huella y legado en la forma de tocar de Carlos Alomar, Peter Framptom o Adrian Belew. Estoy seguro, en todo caso, de que su guitarra hubiera encajado perfectamente en discos del cariz de Lodger o Young Americans. Hubiera aportado más mordiente. Hubiera contribuido a desdoblar aún más si cabe el sonido Bowie transformando ciertos temas en gélidos bloques compositivos en trance de total, completa descomposición. Prueba de ello es aquella colaboración con Ziggy en Londres en el lejano julio del 73. De todas formas, Beck tenía un mundo tan personal e intransferible que entiendo que se sintiera mejor transitando la vida en solitario. Realizando inclasificables creaciones de tanto en tanto y colaborando, eso sí, con todo aquel que le diera la gana.

En realidad, estos días he estado pensando que no era tanto un guitarrista como alguien que intentaba preservar puro e intacto el sonido del instrumento. Creo que su tarea era esa. Enseñar de tanto en tanto adónde se podía llegar con las seis cuerdas. Aportar una dosis de frescura y dedicarse a preservar, como los viejos dioses, el secreto de la llama y la inspiración en medio de una montaña.

Revisando sus Lps de los 70 uno encuentra clases y maestría en cada uno de sus temas. Son casi todos ellos obras flexibles, llenas de sorpresas e imprevisibles momentos. Tantos que, en realidad, creo que más que discos son aventuras. Son completamente inclasificables, como el estilo de tocar de alguien que parecía no desear ser un héroe de la guitarra porque deseaba que la guitarra fuera la heroína y protagonista de todas sus performances y apariciones. Alguien tan fugaz y genial que necesitaba ser disperso para poder concretar el sinfín de ideas que brotaban de su cerebro y alma y se reflejaban en cada una de sus composiciones. Shalam

لا يتلقى الله الإجابات بالكلمات.

Dios no recibe respuestas con palabras.

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….ese tipo de tela de la camisa de jeff beck(engurruñada) la usaban en los 70′ con los cuellos de «dali» (largos triangulos picudos), muy guapos, jajajjj…..
    2imagen….jersey a rayas(minipull) para ir a ver al papa(roma)…….
    3imagen….voy que te pasas…….
    4imagen…..mi cabeza llena de beat y de jazzfussion…..
    5imagen….the jean genie…..bowie…beck…3julio 73’….top….
    PD..https://www.youtube.com/watch?v=0pGOFX1D_jg…love me do………62′

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  2. Alejandro Hermosilla

    1) A mí lo que me hace gracia es el medallón hippie. Como que Beck en el fondo, era eso. Un guitarrista que sólo quería tocar y estar en paz. Y mucho amor. 2) Ahí tiene un aspecto que se diría ha influenciado a los guitarristas de Black Crowes o Guns and Roses y unos cuantos grupos más en su momento. Ese corte de pelo es icónico. 3) Aquí ejerce de adolescente que podría protagonizar una novela de Oscar Wilde. 4) Aquí parece un soldado del rock y el blues. Lo imagina uno ensayando junto a los Humbie Pie mientras Jimmy Page lo mira. 5) Lo máximo. No hay ni que comentar. PD: El éxito de lo simple. ¿Qué dirían los surrealistas sobre «Love me do»?

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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