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Páramos

Mar 6, 2022 | 4 Comentarios

Hay algo en los países árabes que me resulta sumamente atractivo. Creo, por ejemplo, que tanto la algarabía como el silencio son más profundos allí que en Europa. Cuando uno pasea por una plaza siente que, más allá de los intereses individuales, se encuentra rodeado de personas con un interés común. La suma de personas genera un colectivo. Un grupo que celebra y disfruta la vida mientras compra, come, juega al billar o contempla un pequeño espectáculo.

Sin embargo, aquí en Europa percibo siempre que los intereses individuales se anteponen a los comunes. Las plazas son espacios utilitarios y no tanto de socialización. Tampoco el silencio del desierto es comparable al del campo o el bosque. En estos últimos lugares, el silencio es relajante. Se opone al ruido de las ciudades y de las fábricas. Es calmo e imprime sensatez. Es un silencio sólido que serena el alma pero no llega al nivel de profundidad del que reina en el desierto. Un silencio descomunal y metafísico. El silencio del campo es casi un susurro en los oídos. El del desierto tan gigantesco que parece un trueno. Por momentos, parece que si uno pone la suficiente atención podría escuchar la voz de Dios.

Cuando estuve en Túnez hace ya más de dos décadas, fui, por supuesto, a Tozeur. Una localidad situada junto al Sahara que se encuentra próxima a diversos escenarios que formaron parte de Star Wars. Como disponía de poco dinero y no deseaba moverme mucho no los visité. Me conformé con pasar tres días y noches en una tienda situada a diez kilómetros junto a un grupo de personas que, según sus leyes religiosas, me acogieron sin pedirme un solo euro. Tan sólo, si así lo deseaba, mi voluntad.

Recuerdo pasear por las mañanas entre las dunas sin ningún afán más que escuchar el silencio. Realmente, estar allí sin hacer nada, sin más objetivo que mirar el cielo, sin divisar una sola construcción más que la tienda donde dormía, me calmó. Me hizo escucharme a mí mismo e infundirme confianza en unos momentos un tanto confusos. Mejor medicina que esa no conozco.

Curiosamente, a Tozeur llegué desde la capital de país, tras hacer escala en Sidi Bou Said. Una localidad costera donde había bebido alcohol y bailado en una de las escasas discotecas del país. La dificultad para tomar una cerveza en cualquier café acrecentaba mi deseo de poder hacerlo libremente y en Sidi era posible en ciertos lugares que también cerraban más allá de la medianoche. Por aquel entonces los temas de moda eran una balada de Duran Duran, «Ordinary World», y el «Maria, Maria» de Carlos Santana que, por supuesto, sonaron aquella noche. En medio de la que, para que no faltara de nada, aparecieron unas españolas con ganas de bailar con las que Pablo Vergel (el hombre al mando de Reediciones Anómalas) y yo pasamos un buen rato.

Pablo era por cierto mi anfitrión en Túnez. Cuando me enteré que se marchaba allí por trabajo durante un año, no dudé en visitarlo. Era realmente curioso el contraste que se producía cuando ambos salíamos por la ciudad. Dos occidentales con aspecto de estar tocando en un grupo de rock que departían durante horas sobre escritores de ciencia ficción, bandas de pop y fútbol, rodeados de respetuosos tunecinos sobriamente vestidos.

Al desierto no obstante fui solo. Y posiblemente porque ya había visitado el Sahara en Marruecos, no me impresionó como la primera vez. No tengo ningún recuerdo en especial de aquellos días. Tan sólo, eso sí, la sensación de paz y de calma. El desierto, en cierto sentido, era un ángel que desplegaba sus alas en torno a los hombres que lo cruzábamos o nos aposentábamos en él. Sé que la frase parece de novela de Paulo Coelho, pero lo que sentí que ese inmenso arenal me deseaba decir era que estuviese más pendiente de mi alma. Que lo que importa realmente es nuestro espíritu. En Marruecos, sin embargo, sentí que el desierto me decía que mi vida estaba comenzando. El amanecer de la misma surgía. Y también, a medida que fumaba hachís, que el arte era un misterio que unía a los seres humanos. Recuerdo -no es broma- tener pequeñas alucinaciones con El espejo de Tarkovsky. La trascendencia colectiva.

A  quienes me acogieron en su tienda junto a Tozeur les prometí que algún día hablaría de ellos y bien en algún libro. Aunque la verdad es que nunca pensé que lo haría. Recuerdo que hubo noches que comimos con las manos del mismo cazo. Y que todos los alimentos tenían el sabor de la arena. Eso lo recuerdo bien. Había días caminando por las dunas que parecía estar volando por el cielo. Encontrarme solo junto a Dios. Las ondas de aire parecían olas y el sol una vela dispuesta a incinerar cualquier hueso o plástico.

No me extraña que algunos de los mayores sabios y profetas hayan surgido de allí. En realidad, no hay mejor lugar para profundizar en nuestro espíritu y en el del mundo. El desierto imprime tanta fuerza como el fuego y al mismo tiempo seda nuestro deseo de realizar cosas sin descanso. Uno está forzado a crecer allí. Shalam

الشفاء من الفخر بالوحدة

El orgullo se cura con soledad

4 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1ºimagen…el embarcadero de «los nietos» dentro de equis años……..
    2ºimagen….a esas columnas les falta el techo……sonrisa…..
    3ºimagen…..estos tres lugareños andan diciendo que tienen que abrir una fabrica de tejas (las tejeras)……
    4ºimagen….extraordinario volumen….extraordinaria construccion….extraordinario metodo…lo leo de izq a derch..
    5ºimagen…el chalet de jesus….cualquier construccion puede llamarse el chalet de jesus….hay muchas construcciones……
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=Jd0E9SZYLJ0…radio tarifa…1994…lamma bada….(remastered)….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) De acuerdo..jjja.. así podría quedar. Cierto. Mad Max 6. 2) Aníbal entrenando cerca de allí a sus tropas cartaginenses. 3) Ciudadela destruida tras haber sido pisada por un gigantesco efritt siglos atrás. 4) Luke: «Siente la fuerza». 5) Una de las fortalezas encantadas que visita Conan en sus andanzas como ladrón. Cientos de serpientes se arremolinan en sus esquinas. PD: Me quedo con Franco: https://www.youtube.com/watch?v=BEenOPJ8OtQ&ab_channel=FrancoBattiatoVEVO

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  2. andresrosiquemoreno

    tantto grandi, tantto lungui….guapo el f.battiato sufi 1982…..y las moscas….. una en su cara y la otra en el saco de dormir (hombro)…..sonrisa….(imperialismi rusi y colonialismi angli….jajajj

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    • Alejandro Hermosilla

      Sí. Franco. No hay color. El color de la esperanza.. Bandera Blanca…ja

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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