Scarface (2)
Con cierto retraso, dejo a continuación el segundo y último avería sobre Scarface, el remake realizado por Brian de Palma del clásico de Howard...
Me ocurre con el cine de Paradjanov algo parecido a lo que me sucede al leer Las 1001 noches. Que mi mente se evade de la realidad y se conecta de manera instantánea e ingenua con lo allí narrado. Que mi corazón es iluminado por la cadencia de historias lejanas transcritas con tal sabiduría y lujo de detalles que casi consiguen convertirme en parte de ellas.
Probablemente, Sayat Nova sea su obra maestra. El misticismo transformado en una intensa joya cinematográfica. Una semilla de incienso artístico llena de lienzos en movimiento que hablan un lenguaje arcano y arcaico. La muerte y la vida enlazadas, bailando danzas fúnebres y festivas en medio de paisajes simbólicos. El Medievo convertido en una cadencia. Y los fuegos de Bizancio iluminando los cielos. En definitiva, una película indescriptible para la que apenas se pueden usar palabras normales. Es necesario utilizar todo un arsenal de metáforas.
La existencia de Paradjanov no fue fácil. Varias veces fue encarcelado por no plegarse a los designios autoritarios de la política rusa y no convertir su arte en propaganda. Y justo cuando estaba disfrutando de un amplio reconocimiento internacional y se lo comenzaba a valorar como el amplio, enorme artista que fue, murió. Aunque, sin embargo, no hay quejas en su cine. No hay lamentos. Al contrario, a pesar de todas las dificultades que atravesó, incluido el exilio y la muerte de su primera mujer, asistimos a una celebración de la vida sin igual o, más bien, a una exploración del misterio vital sin precedentes y seguramente sin continuadores. Una mágica olla de porcelana en medio de la que se celebran unas nupcias angelicales. Una armadura convertida en un corazón dadivoso. Y el mundo transformado en una lágrima, un afluente de la sangre divina o un poema bíblico universal. El verdadero cordero de dios que quita los pecados del mundo. Shalam
Que se practique con vehemencia la verdad, y busquemos la transparencia transcendente.