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Scarface (2)

Abr 17, 2026 | 2 Comentarios

Con cierto retraso, dejo a continuación el segundo y último avería sobre Scarface, el remake realizado por Brian de Palma del clásico de Howard Hawks.

Scarface (2)

Resulta difícil hablar de Scarface y no mencionar la célebre y aterradora escena de la motosierra.  A todos los que vimos la película en la adolescencia nos impresionó. Desde el mismo momento en el que contemplamos a Ángel Fernández, el amigo de Tony, comenzar a ser despedazado sin piedad alguna por Héctor «El Sapo» en una ducha, sabíamos que estábamos ante una obra distinta. Yo estaba cansado de ver películas violentas en la televisión, pero la suciedad y el realismo de ese momento, y el pétreo rostro de Montana (Pacino) contemplando la muerte de su amigo, me dejaron KO. Eso era diferente. Casi ultraviolencia. Algo tan bestial que rozaba la calificación X.

La impresión fue aún mayor porque la escena se dividía en dos partes. Por un lado, se encontraba el gran colega de Tony, «Manny» Ribera, disfrutando del sol de Miami e intentando ligarse a una despampanante muchacha y, por otra, lo dicho: el horror, la locura, el sadismo, la barbarie. Por un lado, el sueño americano, el sol, el deseo y el sexo hedonista; por otro, la sangre, la lucha por la supervivencia más bestial, el mal en estado puro.

A decir verdad, Oliver Stone (el guionista) se basó en hechos reales acaecidos en la zona para escribirla. Algo que puede percibirse desde el primer instante. Por muy bueno que sea el guionista es difícil que se le ocurra introducir una escena de tal crudeza si no se encuentra documentada y posee cierta justificación. Por supuesto, mención aparte merece la planificación visceral y, a la vez, meditada de De Palma en una escena que mezcla sutilezas a lo Hitchcock, la locura y la sofisticación propias de un filme de terror Giallo y la hosquedad de un filme de realismo sucio norteamericano.

Como muchos saben, la presión de los cárteles de la droga de Miami fue lo suficientemente insistente (Pacino llegó a recibir amenazas telefónicas) como para que el rodaje de Scarface se realizara en L.A. y no en Miami. Pero, curiosamente, esta escena (para la que, al parecer, se utilizaron dos escenarios distintos a causa de la dificultad de limpiar el baño) sí se rodó allí. Concretamente, en el 728 de Ocean Drive en Miami Beach. Un lugar sin aparente interés alguno (el cual, obviamente, ha sufrido varios cambios desde aquellos años), que los cinéfilos de medio mundo han convertido en punto de referencia.

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Hace unos días vi al fin la Scarface de Howard Hawks. Algo que es más importante de lo que pudiera parecer para valorar lo que hicieron Pacino y De Palma. Si sólo se ve Scarface sin su precedente, tal vez su espectacularidad pueda despistarnos un poco. Pero si se ven los dos filmes juntos, hay ciertas decisiones de los nuevos (re) creadores que se comprenden mejor. Porque la obra de Hawks está sutilmente desmontada, hilvanada y retomada en la de De Palma. Es, al fin y al cabo, su raíz y primer sostén.

En este sentido, fue un absoluto acierto de Stone, Pacino y De Palma centrar el filme en la emigración cubana, el célebre éxodo de Mariel, que llevó a 125000 cubanos a E.E.UU a principios de los 80. Obviamente, la visión que da la obra de los cubanos no es la mejor y es lógico que muchos de ellos protestaran y denigraran la película. Ocurre que Fidel Castro aprovechó el tránsito de miles de cubanos al país norteamericano tras la Crisis de la embajada peruana y cierta distensión de las relaciones con el vecino yanqui para incluir en los barcos a personas con antecedentes criminales y presos políticos. Pero, a decir verdad, la mayoría de los cubanos que llegaron eran gente de bien, deseosos de alcanzar una vida mejor.

Otro tema es que muchos emigrantes se vieran obligados a delinquir y a entrar en el comercio de la droga y otras sustancias para progresar en una sociedad dura donde tenían muy difícil abrirse paso.

En cualquier caso, el tema cubano funciona perfectamente en términos cinematográficos. Le da un toque visceral, real, profundamente carnal a Scarface. La original se centraba en la época de la ley seca. Era también magnética y apasionante. Pero volver a ese tema (al que sí regresó años más tarde De Palma con su estupenda versión de Los intocables) no sé si hubiera dotado de tanta fuerza y locura y maldad al remake.

La presencia cubana le imprime mayor libertad, toques tropicales, todo ese aroma tan kitsch que nos hace amar Scarface como a las discotecas que nunca cierran. Los primeros quince minutos de la película, por ejemplo, (desde la interrogación policial a Tony hasta su reclusión forzada en campamentos junto a otros refugiados cubanos que concluye con el asesinato de un viejo comunista, Emilio Rebenga), son directamente antológicos. Impresionan sin necesidad de saturar o utilizar la carta del artificio. Parecen reales. Se respira sudor, fiereza, sexo, carne mal cocinada  y, como siempre, sangre en cada fotograma.

Los gritos de los asesinos invocando el nombre de Rebenga («Rebeeenga, Rebeeenga, Rebeeenga») se escuchan casi con terror, como si fueran aullidos de lobos hambrientos clamando por alimento.

¿Más similitudes y diferencias entre el Scarface de Hawks y el de De Palma? En el filme de Hawks, la hermana de Tony (así se llama también el personaje interpretado por Paul Muni) parece en determinados momentos más su novia que un familiar. Queda mucho más claro el deseo casi incestuoso que siente Tony por ella (y tal vez también ella por él) que en el filme de De Palma. Únicamente hay que rememorar el final. En la última escena, la hermana, en vez de disparar a Tony, se une a él y lo ayuda disparando contra los policías.

El Tony de Pacino era tal vez más protector. Un chulo barrial que quería mantener el sello de su familia cerrado a cal y canto, sin contaminación. El de Muni, al contrario, es más seductor. Podría decirse que asesina a su fiel lugarteniente a causa de los celos, debido a la pasión desbordante que siente por su propia hermana y que no puede controlar. Algo que encaja con su psique. Alguien que no conoce límites, se siente ajeno a los códigos éticos y es casi sádico. Disfruta matando y mostrando su poder. De hecho, no cesa de sonreír conforme se extiende la muerte a su alrededor.

El Tony de Pacino, sin embargo, es un exiliado y eso lo convierte en alguien que mata para sobrevivir y subsistir. No disfruta tanto con las muertes sino con el lugar social donde lo llevan, el grado de poder e independencia que le dan. Un asunto vital para un pobre muerto de hambre que, de no dedicarse al crimen y al comercio con cocaína, debería tragar mierda o luchar hasta la extenuación para progresar en una sociedad en la que será siempre un extranjero.

Tony, desde luego, desconfía del amor porque el amor es, en su universo, siempre el primer cadáver. Esto hace precisamente que su relación con Elvira Hancock (el personaje interpretado por Michelle Pfeiffer) tenga todo tipo de componentes a excepción del básico: el cariño. Para Montana, Elvira es un objeto de lujo no muy distinto a los trajes y coches que se compra. Una prueba flagrante de que en las luchas capitalistas lo primero que muere es el alma de las personas. La Scarface de De Palma es, en ese sentido, una película que nos informa que ya no hay afectos. Sólo posesiones.

A este respecto, la relación entre el Tony de Paul Muni y la mujer de su jefe en la versión de Hawks es bastante más libidinosa. Hay tensión sexual desde que ambos se ven y ella se deja querer por un hombre que cuanto más monstruoso es, más seductor parece. De hecho, si bien ella es un poco frívola, se diría que se excita más cuantos más crímenes comete su enamorado. Cuanto más monstruoso es, más le gusta. Una estruendosa metáfora de los tiempos que corrían en Norteamérica a principios del siglo pasado.

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Por cierto, el Tony de Paul Muni tiene también muchos momentos caricaturescos. Es un señor del mal, casi un Drácula del crimen, pero lo es de manera sardónica. No para de ironizar con una especie de secretario que le sigue a todas partes y no duda en sonreír y gastar chistes incluso en los peores momentos. Tanto es así que no creo errado afirmar que los matices tarantinescos del Tony de Pacino ya estaban en gran medida en el de Muni. Un tipo que se pasa, por ejemplo, medio tiroteo en una barbería con el rostro tranquilo y hablando sobre quién sabe qué.

Tan lejos ha llegado mi desconfianza con la pacata sociedad actual que no tengo claro que ninguno de los dos filmes se pudiera rodar actualmente. Probablemente sí, pero no estoy seguro. El Scarface de Hawks no es tan violento como el de De Palma (no hay motosierras para entendernos) pero está lleno de asesinatos a sangre fría. Ametralladoras, disparos, cuerpos caídos. Los gángsteres caen, de hecho, como chinchetas en la película. El mal campa a sus anchas. Apenas hay un personaje que respire cierta humanidad.

¿Qué dirían los censores de hoy en día? ¿Mal ejemplo ético? Todo es probable. Mejor no tentemos al diablo.

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La tragedia de Tony Montana radica básicamente en seguir siendo un exiliado toda su vida. También un incomprendido. De hecho, es precisamente cuando se comporta con ética y no asesina a los hijos de un diplomático, que se precipita hacia su caída. Prueba de que en el universo Scarface, la moral se convierte en condena.

Scarface es el sueño americano contado al revés. El Miami ochentero, el kitsch del exceso, la música no son más que distracciones en medio de una profunda elegía del fracaso. En Scarface no existe un asomo de redención. El filme es una Coca-Cola estallando sin dejar rastro.

Tony Montana es —como todo buen exiliado— un animal fuera de lugar que solo se percibe a sí mismo como valioso cuando lucha,  devora  humilla o muerde. Pero cuanto más alto trepa, más hueca resulta la cima: no baila, no ama, no descansa. Colecciona objetos, cadáveres, traiciones, cocaína, espejos y enemigos, pero huye de sí mismo casi con más audacia que de los disparos finales. La mansión lujosa, los trajes, los puros, la rubia perfecta, todo, absolutamente todo, acaba convirtiéndose en escenario del sacrificio, de la paranoia, de la repetición neurótica de una guerra que ya no sabe si pelea contra el mundo o contra su propio abismo.

Cuando llega a Estados Unidos al principio del filme, Tony Montana ha perdido un país. Antes de morir, lo tiene aparentemente todo, pero ha perdido su alma. Shalam

ما يجعل الحياة محتملة هو فكرة أننا نستطيع اختيار وقت الهروب.

Lo que hace soportable la vida es la idea de que podemos elegir cuándo escapar

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…scarface multiplicado por dos…la raiz cubana…el ganster…la chica del ganster…la hermana de scarface…en la salsa de babilon (manu chao clandestino)….
    2imagen…led zeppelin…whole lotta love…1969…
    3imagen…argentina (javier milei)….un nazi….
    4imagen…la gran ambicion ( titanic pobre)…..
    5imagen…radiografia de la parada de los monstruos (freaks..1932..
    tod browning)….un saco de patatas peladas)…..
    6imagen…cari miro yo por ti….(cadaver)….no creas, no creas!..
    7imagen…el film es una coca-cola estallando sin dejar rastro (humo)…..sonrisa….
    PD1…https://www.youtube.com/watch?v=HQmmM_qwG4k&list=RDHQmmM_qwG4k&start_radio=1
    PD2…la hostia cana…la tierra llena de agujeros …descargazzo.. https://www.youtube.com/watch?v=6tlSx0jkuLM&list=RDHQmmM_qwG4k&index=3

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Scarface. El videojuego. Los gráficos de la portada superan en mucho a los del juego en sí mismo. 2) La música de Moroder en esta escena me encanta. Melancólica y total. Led zepelin. exacto.jajaj 3) Yo sí que te voy a hacer una cicatriz. Cara cortada. Puto cara cortada..jaja. 4) Joder. Joder. Joder. Ni más ni menos que el sueño americano. ¿Sobreviviremos? ¿La haremos? ¿Sueño o pesadilla? 5) Recuerdo un día en el Df. Estaba tomando un café y en la mesa de al lado había un tipo con un mono en la mesa. Casi como si fuera un perro. Allí lo ves todo. Tal vez en Norteamérica también lo veías todo en los 20-30. Todo menos alcohol legal..jajaja 6) Ese traje, esa camisa. ¿Existen? ¿Es posible vestir así? jajaj 7) Creo que pacino se pasó varios días rodando la escena. Entraba en trance por horas. A veces De Palma lo ayudaba…jajajaja PD: 1) Diego Manrique emprendió una cruzada para restar méritos a Led Zeppelin basándose en los riffs que substrayeron a grandes bluesmen 2) La energía sexual de la música de Led Zeppelin era tremenda.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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