Los objetos
No sé si es justo decir que Alianza Editorial se inventó al lector medio español pero no creo que ande muy desencaminada la frase. Antes de Alianza,...
No se encuentra tan lejano el impulso que condujo a Fiodor Dostoievsky a escribir del que hizo que Vashenko consagrara su vida a la pintura. Ambos añoraban la pureza crística, ansiaban retornar a un tiempo total y sospechaban del futuro que aguardaba a la humanidad. Vislumbraban el ocaso del humanismo como un preludio del fin del ser humano cuya decadencia anunciaba la destrucción de los valores y principios que daban sentido en la vida en su conjunto. Y sentían en sus carnes con inusual intensidad los sufrimientos del pueblo ruso.
Vashenko era un vitalista. Deseaba desarrollar su espíritu de la manera más grandiosa posible. Y por ello, desde los cadáveres hasta las calaveras refulgen con brillantez en sus lienzos. Podrían levantarse en cualquier momento y echar a andar. Y los paisajes parecen no tener fin. Muestran un horizonte perpetuo que libera el alma al tiempo que invoca incógnitas, misterios y sorpresas.
A pesar de su tendencia idealizante, Vashenko retrata el mundo de los sueños y la fantasía como si fuera un cuenco lleno de sorpresas, miedo y horror. La elegancia y la meticulosidad con la que describe cada detalle de estos lienzos es casi una excusa o pretexto para mostrar la refinada crueldad del poder. Esos palacios llenos de intrigas y seres perversos entre los que, de tanto en tanto, se desmadejan lianas de inocencia y candidez.
Además de la suntuosidad de sus dibujos, el fino y sutil trazo con que los lleva a cabo, la grandeza de Vashenko radica en ser un pintor múltiple. Haber sabido moverse a través de distintos espacios con absoluta naturalidad. Siendo capaz de retratar las escenas suntuosas de la corte como si fuera William Shakespeare; plasmar las costumbres del pueblo ruso como si formaran parte de un libro santo y él fuera un pintor naturalista; ilustrar textos fantásticos con la sensibilidad de un orfebre o un artista oriental; y atrapar a las grandes figuras de la historia rusa en medio de un magma pictórico que las llena de fuerza mítica y las convierte en símbolos de un país cuya herencia bizantina y extemporánea queda totalmente de manifiesto en lienzos que son una mezcla entre un llanto y una sonrisa. Un cántico espiritual, una leyenda, un rezo y un pasaje bíblico. Shalam
0 comentarios