Modigliani
No sé si Pier Paolo Pasolini dejó algo escrito sobre Modigliani pero puedo intuir que se sentiría bastante afín al pintor judío. Y que...
No se encuentra tan lejano el impulso que condujo a Fiodor Dostoievsky a escribir del que hizo que Vashenko consagrara su vida a la pintura. Ambos añoraban la pureza crística, ansiaban retornar a un tiempo total y sospechaban del futuro que aguardaba a la humanidad. Vislumbraban el ocaso del humanismo como un preludio del fin del ser humano cuya decadencia anunciaba la destrucción de los valores y principios que daban sentido en la vida en su conjunto. Y sentían en sus carnes con inusual intensidad los sufrimientos del pueblo ruso.
Vashenko era un vitalista. Deseaba desarrollar su espíritu de la manera más grandiosa posible. Y por ello, desde los cadáveres hasta las calaveras refulgen con brillantez en sus lienzos. Podrían levantarse en cualquier momento y echar a andar. Y los paisajes parecen no tener fin. Muestran un horizonte perpetuo que libera el alma al tiempo que invoca incógnitas, misterios y sorpresas.
A pesar de su tendencia idealizante, Vashenko retrata el mundo de los sueños y la fantasía como si fuera un cuenco lleno de sorpresas, miedo y horror. La elegancia y la meticulosidad con la que describe cada detalle de estos lienzos es casi una excusa o pretexto para mostrar la refinada crueldad del poder. Esos palacios llenos de intrigas y seres perversos entre los que, de tanto en tanto, se desmadejan lianas de inocencia y candidez.
Además de la suntuosidad de sus dibujos, el fino y sutil trazo con que los lleva a cabo, la grandeza de Vashenko radica en ser un pintor múltiple. Haber sabido moverse a través de distintos espacios con absoluta naturalidad. Siendo capaz de retratar las escenas suntuosas de la corte como si fuera William Shakespeare; plasmar las costumbres del pueblo ruso como si formaran parte de un libro santo y él fuera un pintor naturalista; ilustrar textos fantásticos con la sensibilidad de un orfebre o un artista oriental; y atrapar a las grandes figuras de la historia rusa en medio de un magma pictórico que las llena de fuerza mítica y las convierte en símbolos de un país cuya herencia bizantina y extemporánea queda totalmente de manifiesto en lienzos que son una mezcla entre un llanto y una sonrisa. Un cántico espiritual, una leyenda, un rezo y un pasaje bíblico. Shalam
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