Manhattan Sur
Mantattan Sur es un filme muy interesante. Tal vez la última bocanada de cine puro que ofreció Michael Cimino antes de lanzarse en caída libre...
La sola presencia de Bogart bastaba para abrigar una escena. El noir es impensable sin él. Su identificación con el género era tan grande que parecía que todos, absolutamente todos los escritores de novela negra tenían en mente villanos y detectives con sus rasgos, cuando componían sus personajes. Algo lógico teniendo en cuenta que era un actor tan misterioso como inquietante. Alguien que no necesitaba gesticular, disparar o gritar para convocar dramas. Podía invocar tragedias con una sola mirada.
Bogart es en sí mismo una institución. Un sello. Alguien que, a pesar de formar parte del organigrama de Hollywood, lo cuestionaba con su mera presencia. Con un mero arqueo de cejas. De hecho, parecía en gran medida más un amigo de los espectadores que una estrella. Un actor cuyos gestos evocaban anocheceres, últimos valses y resplandores y era en cierto modo el padre que muchos jóvenes deseaban tener. Responsable pero despreocupado. Humano y sensible pero no excesivamente emocional. Tan contenido y distante como cercano. Motivo por el que me extraña el que aún haya quienes lo consideren un tipo duro cuando la dureza era tan sólo uno de los aspectos de una personalidad bastante centrada que transmitía con convicción lo inevitable de todo fracaso. Razón por la que, desde luego, no era un actor corriente. Porque incluso cuando triunfaba, sonreía o recibía un premio, transmitía cierta pesadumbre y desazón. La absoluta certeza de que la caída llegará antes o después y de que la única verdad es la derrota. Esa amargura que convierte a tantos hombres en alcohólicos y a otros tantos en perros solitarios. Shalam
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