AVERÍA DE POLLOS: Inicio E Música E Maullidos

Maullidos

Dic 29, 2024 | 2 Comentarios

Suele ocurrir que cuando termino un avería sobre un disco, dejo inmediatamente de escucharlo. En realidad, muchas veces hago averías sobre ciertos Lps porque quiero desesperadamente pasar a una nueva obra, pero lo que escucho me absorbe (y gusta) tanto que no puedo hacerlo. Así que conjuro la escritura para finalizar esa especie de posesión.

Esto no me ha ocurrido con el último disco de The Cure. Escribí el avería de ayer y volví a pincharlo varias veces. Lo que también ocurrió es que comencé a recorrer otras partes de la discografía del grupo británico. Uno de los que más amores y odios todavía desatan. Recuerdo, por ejemplo, que en Martillo  le dediqué unas líneas y varios lectores me lo afearon. Según parece, The Cure no era un buen grupo, un grupo que estuviera a la altura ¿de qué?.

Ok. Tal vez exagerara yo ayer (sólo tal vez) pero lo que sí tengo claro es que Songs es por lo menos un buen disco y The Cure son una banda diferente. Un caso único. En principio, fueron aunados junto Siouxsie, Bauhaus y demás hornada de grupos crecidos al calor del post punk y la vertiente gótica del rock pero su trayectoria ha sido tan longeva que han tenido tiempo de explorar caminos que prácticamente ninguno de sus compañeros de generación han podido transitar. Esto, unido a su angustiosa y decadente idiosincrasia, a su extraña manera de concebir el pop, ha provocado un sinfín de disonancias de las que, en medio de la confusión cotidiana, no creo que seamos del todo conscientes. Pero, de verdad, lo de The Cure es único.

Ayer cuando escuchaba unos cuantos discos suyos, me llamaron la atención los siguientes detalles que dejo a continuación.

Son muy superficiales. No estoy haciendo una tesis. Sólo escuchando música pop. Pero al menos a mí me parecen suficientemente significativos como para destacarlos.

Ahí los dejo.

Ayer volví a escuchar Disintegration. Se ha repetido en múltiples ocasiones que es una obra maestra, la catedral del grupo. Vuelvo a ratificarlo. Lo que me llama la atención es cómo un disco tan complejo, un disco lleno de atmósferas, de canciones amplias, largas, que vienen y van, que se toman su tiempo para desarrollarse y nos conducen por complejos recovecos, ha sido capaz de conquistar a tanta gente.

Disintegration apareció en los 80. Sí. A finales. Todavía estábamos en la era de los estribillos fáciles. Y a estos tipos no se les ocurrió otra cosa que sacar como primer single «Lullaby»: una especie de nana telúrica, una marcianada lenta y angosta sobre el miedo a las adicciones, la depresión. Esa locura simbolizada por la araña en un videoclip tormentoso y febril. Uno de esos que han pasado a la historia. ¿A nadie le parece esto extraño, un logro?

Hablando de singles, echando la vista un poco más atrás, me encuentro con «Close to me». Uno de los temas más celebrados de Head on the door. Pero ya, hablando en serio, ¿cómo pudo ser este tema también otro hit?  Es difícil encontrar un tema más angustiante, más claustrofóbico.

Uno puede entender perfectamente por qué triunfaron «In between days» o «Just like heaven». También, claro, «A night like this» o la inevitable «Boys don’t cry» pero  es más difícil entender lo de «Lullaby» y «Close to me».

Tanto «Close to me» como «Lullaby» eran antihits y sin embargo triunfaron. Son canciones sumamente reconocibles sin las que no es posible entender el legado de la banda. Pero no son ni tatareables ni bailables. Tal vez lo que las hace atractivas para el gran público es que son tan diferentes que es imposible no reconocerlas, identificarlas. Son el susto hecho arte.

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The Cure son de las pocas bandas que se quedan mudas (siguieron girando, eso sí) durante dieciséis años y regresan con un álbum espléndido, eterno, que confiere contenido a todo ese tiempo que dejaron pasar sin entregar nada. Hay pocos casos parecidos. Pienso en Bowie. No en muchos más.

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Bloodflowers es siempre mucho mejor de lo que uno recuerda. Cada vez que lo escucho me sorprende lo coherente, lo hilvanado que se encuentra un álbum parecido a una tela de araña. Una obra sumamente difícil, compleja, que es a la vez muy fluida, elástica.

Bloodflowers huele a decadentismo y simbolismo, es una decadente epopeya pop. Un estado de ánimo. Un disco lento y pausado hecho en estado de gracia que transmite, a la vez, paz e inquietud y que si no fue suficientemente ensalzado es por las inevitables comparaciones con Disintegration y la gloriosa y esquizoide etapa juvenil del grupo. Pero Blood son palabras mayores. Ayer me volvió a transmitir ese poso amargo que dejan las obras sombrías y secas, verdaderas, parecidas a un anochecer, al ocaso.

Mi tema favorito de la discografía de The Cure cambia cada año. Si hoy tuviera que citar uno sería precisamente con el que se cierra este disco. Una canción de idéntico título al de álbum.

Flores sangrientas. Espinas sangrientas. Amor y dolor.

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La mayoría de bandas que necesitan dar un giro a su sonido suelen experimentar con sintetizadores o con la tecnología. Cuando The Cure quisieron salir un poco de sí mismos, optaron por lo contrario. Se volvieron (es un decir) casi grunge. Se olvidaron de crear atmósferas, utilizaron las guitarras como si fueran piojos y transformaron las canciones en guerras. Me refiero, claro, a sus dos últimos discos antes del perenne silencio roto por Songs of a lost world: The cure y 4:13 Dream. Sobre todo, al primero de ambos.

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A veces es más fácil entender a The Cure leyendo un poema de Baudelaire que indagando en la historia del pop.

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Es increíble lo poco valorado que se encuentra kiss me, kiss me. Un álbum muy bueno y disfrutable lleno de locura y de baile. Un disco cuya dispersión lo hace encantador. Es cierto que mezclar locuras pop con temas en los que destaca la neurosis y la tensión resta un poco de coherencia al álbum. Pero esa es también su baza.

Se nota, se percibe que Robert Smith estaba experimentado. Convirtiendo al pop en su juguete, en una marioneta de feria. Pero esa dispersión también le juega a favor. Es imposible no divertirse con este disco. Lo tiene todo. Temas tortuosos, violentos, catárticos, frívolos y bailables. Y además, es doble. En gran medida, Kiss me, Kiss me es un encuentro en una pista de baile entre Jesus and Mary Chain, Beach Boys, Bauhaus y Siousxie and the Banshees. Es un disco experimental y al mismo tiempo comercial. Es lo más parecido a un caramelo que The Cure nos han ofrecido. Tiene mucha amargura, por supuesto, pero también dulzura.

Su portada es tal vez mi favorita del grupo. Esos dos labios lo dicen todo. Al besarlos, ya lo sabemos, comienza a transmitirse el virus del amor, del dolor, de la vida.

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Tengo unos cuantos recuerdos relacionados con The Cure. Por ejemplo, un viaje a Berlín, recorriendo Berlín Oriental, mientras escuchaba Faith y nevaba. Puedo asegurar que aquello era doloroso, árido. Faith nunca más volvió a sonar igual. Siempre que escucho «All cats are grey» recuerdo aquella nieve, esas calles desoladas, a los alemanes mudos, esquivos.

Me gustaría, no obstante, ser justo. Una enorme diferencia entre Low (el disco de Bowie) y Faith. Cuando escuché Low no necesité ir a Berlín para sentir esa desolación. Ese disco ya era en sí mismo pura heroína. El abandono. La esquizofrenia.

Faith, sin embargo, requirió de un viaje. Tal vez eso explique por qué Bowie nunca se baja del trono.

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No hay ninguna voz como la de Robert Smith. ¿Robert Smith canta? ¿Qué hace? ¿Maúlla? ¿Tiene que estar enfermo para cantar así?

Aún me parece mentira que su voz se haya convertido en una de las más icónicas del pop. Robert Smith sería inmediatamente suspendido en una gala de Operación Triunfo. No superaría ni una sola prueba. Su voz es anticlimática. Lo más contrario a un estándar. Y sin embargo, todas esas debilidades la han convertido en distinta, reconocible. Personal y absolutamente reconocible. La voz de la angustia y de la neurosis. La voz de la disgregación. La voz del cuervo, del pájaro que escuchamos en nuestra cabeza cuando enloquecemos. Una voz que nos recuerda insistentemente que nos encontramos en el purgatorio. Que aún no hemos salido de ahí y que tal vez nunca salgamos. Shalam

الشعراء ليس لهم مستقبل

Los poetas no tienen futuro

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…y yo les muestro un repujado en cuero de «molokai la isla maldita» 1959 (leprosos)…..
    2imagen….las matujas, la ancianidad y el agujero en el campo (el eco al final del pasillo) muy de los 80´sound…….
    3imagen…»ofelia» cocida con flores del bosque….(ja,ja,ja..)
    4imagen….a este robert smith le dieron una pedrada detras de la cabeza y quedo ensangrentado……
    5imagen…textura zoom (barbas de ballena)….
    6imagen…juego de la pocima de alicia (lewis carrol) en este caso todos constreñidos en la bañera de su exitoso invento….
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=kWUpe99_94U….on the sunny side of the street…f.sinatra…el lado caluroso de las arañas..
    sonrisa…..

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Romanticismo de leprosos. Vagabundos. Victor Hugo y Shelley. La locura de los pobres. 2) El tío Lucas, ese que se fue a Argentina, era un hombre sencillo y humilde. 3) Robert Smith en el país de las maravillas. 4) la locura del asesino. 5) ¿Son los labios de Robert Smith o de una de las modelos que aparecen en los videos de Robert Palmer? 6) Armario roto y loco. Aquí The Cure se convierten en marionetas y bailan al ritmo del MAESTRO. PD: ¿Te imaginas a Sinatra y Robert Smith haciendo un dueto? Juntos todos ellos en un concierto. Jajajaja

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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