Una cita con la enfermedad
Terminar los Diarios de Chirbes duele. Los he disfrutado tanto que he intentado alargar su lectura lo más posible. No deseaba despedirme de ellos....
Debo aclarar, por otra parte, que Lulú es un texto que estuve a punto de abandonar al primer cuarto de hora puesto que pensaba que era la enésima revisión del Retrato del artista adolescente de Joyce o Las tribulaciones del joven Törless de Robert Musil pero, para mi gusto y sorpresa, cuando menos lo esperaba, da un giro sobre sí mismo que, sin hacernos perder de vista sus motivaciones centrales, (los recuerdos y sensaciones que un escritor tiene sobre un episodio de su adolescencia y, en concreto, su obsesión por un muchacho travestido) confiere otra perspectiva a toda la historia. Le otorga una profundidad espectral, haciendo que el amor se convierta en alucinación y la realidad en pesadilla, destruyendo las pautas narrativas hasta conducirnos a un territorio baldío. Una ciénaga infecta, entre el inconsciente y el sueño o el más puro delirio, donde todo es posible. Obligándonos a introducimos en los retruécanos del cerebro del protagonista y explorar sus traumas, las sombras de su personalidad, sobre el fondo de un negro paisaje en que aparecen arañas, monstruos, a medida que la narración nos devora.
En unas semanas, comenzaré a leer Nostalgia. Y confío continuar disfrutando a este escritor que la editorial Impedimenta ha tenido el gusto de traducir al castellano y darnos a conocer. Algo que me alegra mucho puesto que, hace años, mientra realizaba un viaje por Rumanía, tuve que recurrir a El danubio de Claudio Magris (que únicamente de manera parcial se ocupa de este país) para ambientar y hacer más sugerente el viaje. Aunque he de reconocer que me da rabia no saber si existen más nombres tan o más interesantes que Cartarescu dentro del espectro de nuevos narradores rumanos.
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