La música del ruido
Como ya he explicado en otras ocasiones, cada vez que me encuentro en un callejón sin salida y no sé cómo resolver una escena de un texto en el que...
Don Felipe era una persona muy querida. Simple, sencilla y generosa. Un boxeador del espíritu. El hombre del apretón de manos. El hombre del cara a cara. De la mirada directa a los ojos. Una persona que deja un hueco en muchas vidas. Ese anciano árbol que parecía que nunca se vendría abajo. Uno lo veía y se acordaba al momento de aquellas épocas en las que los seres humanos eran granito y hablaban con los bosques y con sus manos tallaban la piedra y la tierra. Vislumbraba el principio y el origen del mundo, los tiempos de las cavernas y los ríos y los bisontes y el corazón de los arroyos y cabañas.
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