La semilla del ritmo
Hace aproximadamente un año publiqué un videoavería sobre Radio Futura. Lamentablemente, el audio grabado no era el mejor. Así que he realizado uno...
Como he dejado entrever, las expectativas y adjetivos eran tan grandes que debo reconocer que The Stones Roses me decepcionó en las primeras escuchas. En mi caso, ha sido un disco que ha ganado con los años. Diez años después volví a él y me pareció muy bueno, casi excepcional y, a día de hoy, lo considero un clásico. Una obra cuya fama se debe tanto a que es un cruce de caminos entre el pop inglés de los 60 y el de los 90 -como dejaría muy claro ese imperial y narcótico single «Fool’s Good» lanzado a continuación- como un conglomerado de muy buenas canciones entre las que destaca la eterna «I am the resurrection».
En realidad, tanto The Stones Roses como los singles que publicaron antes y después de su obra de referencia, se encuentran llenos de melodías instantáneas y pegadizas, pero a esa contundencia hay que unir un talante experimental que provoca el estallido de todo tipo de desarrollos instrumentales de la guitarra de John Squire que, gracias también a la reverberante producción de John Leckie, contribuyen a crear la enigmática y seductora atmósfera de relajación que sobrevuela un disco que además de ser un puñetazo en los morros posee cierto aire de improvisación. Huele a hachís y a excursión al desierto de Marruecos pero también a tienda de ropa elegante londinense, a flower power y a pub de Manchester. Es un conglomerado de muchos impulsos que trasciende por la sinceridad y calidad con la que homenajea el exacto momento en el que el pop inglés tomó carácter y personalidad propias. Empezó a distinguirse del norteamericano y labrar su propio camino. Shalam
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