Charly García: el gato en el arcoiris.
Entre los muchos recuerdos que guardo de mis distintas visitas a la Argentina, uno de los que continúa fresco y vivo como el primer día es, por...
No obstante, las buenas noticias son que al fin he podido disfrutar ampliamente de uno de sus discos. Me refiero al luminoso, maravilloso Hand. Cannot. Erase. Una obra en la que a Wilson le ha bastado con seguir una línea melódica a lo largo de más de una hora para encandilar. De hecho, esta es la buena nueva al menos para mí. Que al fin puedo viajar armónicamente por uno de sus discos y comenzar a disfrutar de las imágenes que su escucha me provoca. Tal vez porque es una de esas antaño temidas obras conceptuales que, sin embargo, a mí por lo general siempre me fascinaron. Por supuesto que disfruto con la inmediatez de los singles, pero que un artista se moleste en urdir, hilar toda una serie de canciones con un guión, un denominador común, siempre me ha parecido un reto muy loable. Una aventura que enaltecía la música pop. Y continúa haciéndolo.
Hand. Cannot. Erase. cuenta, a su manera, flotando en medio de la galaxia, la historia de Joyce Vincent. Una mujer encontrada muerta en su departamento tras haber fallecido tres años antes. Es decir; es la crónica de un aislamiento personal. Una metáfora sobre una sociedad hipercomunicada que, sin embargo, desconoce no ya el rumbo de las vidas de sus vecinos sino su nombre. Pero, ante todo, es un disco sensible y melódico y empático con el oyente. Un disco paciente y armonioso que no muestra tanto los demonios de su autor ni sus infinitas posibilidades como músico sino un sinfín de paisajes interiores y exteriores que tienen su razón de ser más allá del propio Wilson. Motivo por el que ha terminado convirtiéndose, a mi parecer, en una verdadera isla dentro de su discografía. La obra que a partir de ahora recomendaré siempre a quien desee introducirse dentro del espíritu de uno de esos artistas que han hecho de la palabra riesgo una norma en su vida. Shalam
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