Penderecki
Lo extraordinario de la música compuesta por Krzystof Penderecki radica en que no importa cuán contenida sea o qué temática posea, siempre parece...
Lo mejor, sin dudas, de Rock’n’roll machine es la actitud desenfadada con la que el grupo noruego se acerca y recrea una época en exceso idealizada. Con un amor adolescente que convierte cada una de las canciones en un viejo rotulador bic. Un apetitoso e hipercalórico pastel de chocolate para todos aquellos amantes de los videojuegos Atari que aún prefieren escuchar un LP en un radiocasette que en un CD o la computadora. Porque Rock’n’roll machine no es un disco cerebral. Es un sentimiento. Es una obra completamente original que, no obstante, podría perfectamente haber aparecido en 1985 o sonar entera en un karaoke, dado que se encuentra llena de melodías que pareciéramos haber escuchado una y mil veces. De hecho, parece uno de esos míticos recopilatorios de hits que podíamos encontrar en las gasolineras décadas atrás, puesto que es un LP compuesto por solos de guitarra que rememoran algunos de esos incontestables riffs hard rockeros de los 80 que lo mismo sonaban en la televisión, una discoteca o la radio en horas de máxima audiencia.
Rock’n’roll machine, sí, es un pastelito musical que, desde luego, no desentonaría como banda sonora de Porky’s o Loca academia de policía. Porque huele a instituto. A camisetas negras ridículamente transgresoras. A primerizas masturbaciones, locura y descubrimiento. Es un pedazo de plástico cuya producción y maravillosos sintetizadores están directamente inspirados en el 1984 de Van Halen, que cumple con creces su objetivo: convertirse en la eterna cápsula adolescente. Rock de estadio con sabor a gasolina, aceite y naftalina recubierto con unos cuantos granos y espinillas punk.
0 comentarios