No tengo dinero
Pero ¿cómo es que en España continúa sin volver a escucharse día y noche esta mágica canción de Righeira?...
Tempest es un LP que necesita múltiples escuchas para ser saboreado y extraer el jugo de temas que crecen y se expanden más y más conforme se van revelando sus engranajes. Es una creación de ocasos. La mezcla perfecta entre un relato de Nathaniel Hatwhorne y otro de John Steinbeck. Entre La letra escarlata y Las uvas de la ira. Un álbum que, como un tequila, da aliento a quien se encuentra desesperado. Tempest es, sí, un puñado de rabia elevándose a través del polvo que mira directamente, y sin complejo alguno a varios de los míticos discos de Dylan. Un antiguo cigarrillo cuyo sabor es mucho más fresco y aromático que cualquiera de los nuevos. La invitación a un baile de época. Un recorrido a caballo por praderas agrestes sin un objetivo concreto. La irritación de un trovador tras años y años recorriendo caminos y haber saboreado el veneno que mata, la miel que rejuvenece, tragos de alcohol que asesinan y el aceite que seca gargantas. Un disco, en definitiva, interpretado por una calavera señorial que con su sola voz es capaz de que los muertos comiencen lentamente a danzar un vals. Participen en un carnaval donde no existe posibilidad de redención y aun así, hay alegría. Ciertos momentos de felicidad.
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