Sinestesia
Pagan Tango es mi disco favorito de Chris & Cosey. Una obra bastante más accesible que el resto de las realizadas por el inquietante dúo pero...
Sin embargo, muchos años después de aquellas intensas vivencias, al revisar la obra de The Cure sin prisas, aislado, encerrado en la minúscula habitación donde escribo Los puercos, su obra se me revela como un sueño. Una nublada banda sonora que refleja los delirios oníricos de un adolescente, un niño, un ser trasnochado y libre a lo largo de toda su existencia. A veces tiene pesadillas y otras orgasmos con el Universo. Y muchas veces delirios o miedos. Pero siempre está en trance. Siendo por tanto lógico que a lo largo de esta travesía, aparezcan ante mis ojos cerrados imágenes de reyes destronados que deliran al encontrarse perdidos en bosques, jardineros que persiguen con sus hachas a jabalíes enfurecidos, enanos que gozan revolcándose entre los copos de nieve que rodean ríos helados, tarántulas que gozan relamiéndose con el hígado de los bebés o viejos caballeros que buscan a su enamorada en un castillo durante siglos sin hallar más que el eco de su voz y el rechinar constante de una armadura.
Algún día, estoy seguro, un hombre pálido y solitario se encerrará en una habitación sin muebles absolutamente pintada de blanco y escuchará durante días enteros, semanas, meses, cada una de las canciones de The Cure sin descanso y será feliz. Porque habrá soñado con las olas de un río a través de los márgenes del tiempo. Y también con la brisa de las hojas, el rastro de los gavilanes muertos, dioses airados y los pasillos del inconsciente donde Morfeo corta el cuello de animales sin piedad.
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