El último artista espiritual
Dejo a continuación un nuevo videoavería dedicado a uno de esos escasos hombres que, de tanto en tanto, nacen y que realmente merecen el...
Keaton era un punk. Un nihilista del humor. Convertía sus disparates y bromas en bombas. Era un actor absurdo mucho antes de la existencia del teatro del absurdo. Un diletante lúcido que sacaba petroleo de la chulería y la inteligencia. El icono moderno por excelencia. De hecho, no trabajaba tanto los contenidos como la forma de sus obras y no le importaba tanto el mensaje como destrozarlo y cuestionarlo todo. Tenía muy claro desde luego que el cómico era un ave libre y solitaria. Un destructor de ilusiones y convenciones. Y que para trascender, el humor debía convertirse en metralla corrosiva. Romper y quebrar códigos sociales. Los roles y el ego.
En realidad, Keaton era un dibujo animado andante. Un precedente del Coyote, el Correcaminos o la Pantera Rosa. Podría haber muerto o resucitado una y mil veces en cada una de sus películas sin que esto le hubiera importado a los espectadores. Lo que hace aún más meritorias sus obras así como su empeño en desarrollar una historia hilarante y continua. Algo que supongo que era necesario por razones de taquilla pero que a él imagino que le daría absolutamente igual. De hecho, Keaton era y es moderno además de por todo lo referido con anterioridad, porque no hace falta ver sus obras totalmente para disfrutarlas. Podemos desgajar un gag de ellas y disfrutarlo en soledad. Podemos extrapolar y sacar escenas de su contexto y seguirán haciéndonos gozar por igual. Pues era un hombre al que le bastaba situarse ante la cámara y tocarse la frente o guiñar un ojo para provocar interés y hacernos entender lo estúpidas que son la mayoría de cosas por las que luchamos diariamente en la vida, todo ese vacío mental y espiritual cotidiano, y además hacernos reír. Shalam
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