Los condes del punk
Ilegales eran los perros del rock español pero, eso sí, no ladraban, mordían. Sus canciones eran directos frontales en la mandíbula de los "progres"...
Hanoi rocks. Su mismo nombre lo anunciaba. Hanoi rocks. Y así ha sido siempre. Si un grupo ha honrado el rock ha sido este. Por eso la reunión de sus dos cabezas más destacadas en la primera década del siglo XXI no sonó a oportunismo. Fue sincera y necesaria. Un premio al tesón de los fans y un desafío al talento artístico de Mike y Andy. Quienes en cuanto volvieron a sentirse a disgusto entre ellos y comprobaron que la cosa no daba más de sí, lo dejaron. Ninguno de los tres discos de regreso que grabaron puede tal vez compararse con los de su etapa clásica. Pero sí que son necesarios. Absolutamente necesarios. Ninguno tal vez llega al sobresaliente pero si unes los temas más destacados de ambos te sale un recopilatorio que vale oro y transpira más vida, riesgo y épica que la mayoría de discos grabados por todas esas bandas de cuidado aspecto amenazador y difuso contenido. Hanoi rocks. Y sus seguidores tienen claro que continuarán haciéndolo. Por eso, a pesar de que eran callejeros y viciosos, sexuales y peligrosos, exudaban paz por todos los costados. Su empeño era casi más espiritual que artístico. Una cruzada por un vaso de bourbon y un riff de guitarra amenazador.
Hanoi rocks son el eslabón perdido del glam rock de los 80. Siempre fueron a contracorriente. Surgieron de Finlandia. País donde nadie los comprendía. No ganaban ni para comerse una hamburguesa y una mísera cerveza. Así que cuando cualquiera de ellos se ligaba a una chica, el resto iba detrás. No a su habitación sino al frigorífico y a la despensa. A muchas veinteañeras finesas le debemos que no se desmayaran en la calle y continuaran ensayando. Obviamente, en cuanto pudieron se trasladaron a un sitio más proclive a sus intenciones: Inglaterra. Allí fue donde comenzaron a darse a conocer y labrarse una leyenda. No obstante, tuvieron que hacer frente de nuevo a un enorme handicap. El hecho de que, aunque sí que hubiera un buen caldo de cultivo de amantes del rock travestido y el metal, los estilos que hacían furor en el país británico eran el techno y el post-punk. Un londinense medio se sentía más interesado por Soft Cell que por Twisted Sister. Pero aun así, Hanoi eran tan particulares y trabajaron tanto que pronto se hicieron un hueco en aquella escena. Por más que, siempre tan peculiares, donde realmente alcanzaron el éxito no fue en las islas británica sino en una asiática, Japón, donde eran tratados a cuerpo de rey y recibidos como estrellas.
Lamentablemente, Hanoi rocks se separaron cuando iban camino de convertirse en celebridades. Ni más ni menos que Bob Ezrin había producido su último disco, Two steps from the moves, en el que el mismísimo Ian Hunter había colaborado. Mötley Crüe alzaban su brazo sabedores de que iban a convertirse en una sensación en la escena del rock norteamericano. Pero la suerte los esquivó con el ya mencionado accidente automovilístico y, desde entonces, vivieron con la cicatriz esquiva del fracaso, la tragedia y las oportunidades perdidas grabada en su nombre. Algo que los que hizo queribles. Amplió aún más su carisma. Y provoca que sus fans por lo general se emocionen al mencionarlos y hayan establecido una relación de enorme cariño con esta banda de forajidos. El culto Hanoi no se discute. Son como Arteche en el Atlético de Madrid, Camacho en el Real Madrid o Cardeñosa en el Betis. Tal vez no sean estrellas pero su status espiritual es superior a muchas de ellas. Porque son símbolos sentimentales. Iconos cuya sola presencia define una actitud. Una manera de estar en el mundo.
La medida de quiénes eran Hanoi la dan perfectamente sus versiones. Cualquier grupo que se hubiera atrevido a interpretar un tema de la Creedence y otro de Alice Cooper hubiera fracasado o bien en un intento o bien en otro. La mayoría, por supuesto, en los dos. Sin embargo, nada de eso ocurrió en este caso. La banda finesa se apropió de los temas que decidió homenajear hasta el punto de que parecen suyos. En un principio, (sobre todo, el tema de John Fogerty) puede sonar un tanto extraño, pero bastan dos o tres escuchas para que lo que suene raro sea la versión original. Obviamente, no estamos hablando de un caso de apropiación tan extremo como el logrado por Van Halen con el «You really got me» de The Kinks, pero sí de conseguir llevar completamente al territorio Hanoi un tema clásico que suena tan natural en sus manos como en las originales. En cuanto a la recreación de Alice, no creo que merezca la pena gastar mucha saliva. Hanoi interpretan «Under my wheels» como si la hubieran compuesto ellos en medio de la desencantada Norteamérica de los 70.
1ºimagen:……cualquiera de ellos podria pasar por chica….sobre todo el rubio…..el humano del norte tiene esa presencia…….no los veo presentados en «good morning, vietnan»1987….jajajjjj…..
2ºimagen:…..el del tigre parece que se ha saltado el confinamiento usando el tigre de carton……sonrisa……
3ºimagen:………apelotonamiento………fotomaton……….no se escapa ni dios!!!!!!!!!!………..
4ºimagen:……torera y pantalones mejicanos y nancy con sombrero y calcetines rosa chicle……abigarrado….
5ºimagen:…..si quitamos de la foto al rubio y ponemos una cortina que lo tape podremos imaginar mejor lo que observan los pestosos (llamese pestoso a adolecente femenina singular)………….jajajjjjj
https://www.youtube.com/watch?v=T-WSKtQkLfM&list=PLz6cAheObZchibGOwawEd3eG8msDvVF_s&index=11…….t.rex…marc bolan…..
https://www.youtube.com/watch?v=HSRsC0MlX8A……radio futura….santiago auseron………..
1) Foto de portada de Kerrang. La nueva ola glam se llamaría el reportaje. 2) Muy bueno lo del tigre de cartón..jajaja.. no lo había visto. 3) Fotonovela. Las aventuras de una banda finesa en Inglaterra. 4) Por cierto, Mike Monroe tocaba y toca el saxo de manera espectacular. 5) De T Rex a Cinderella sólo hay dos pasos: Hanoi Rocks y New York Dolls.
Radio futura siempre fueron más Brian Eno que Marc Bolan. Hijos de Another Green World que conectaban con la posmodernidad.