Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Algunos de estos escritos se han perdido pero conservo otros. Y hoy he querido rescatar las reflexiones impresionistas que hilvané a propósito del segundo tema, («Warszawa» del album Low de David Bowie), contenido en el CD que grabé en invierno del 2001 y titulé A veces hace demasiado frío en invierno. No estoy demasiado satisfecho de este escrito pero me parece que tampoco hay que ponerse excesivamente trascendentes y que encaja perfectamente en este espacio. Por lo que dejaré a continuación este libérrimo texto que iba surgiendo conforme escuchaba una de las más hipnóticas y misteriosas canciones que conozco. De hecho, tan atractiva me resultó cuando la escuché por primera vez que un año después no pude evitar ir a Berlín por si podía captar la atmósfera y el ambiente en que fue creada. Todavía incluso puedo resucitar la sensación que tuve al escuchar este tema. Era verano. Apenas había dormido, me sentía intranquilo y el shock fue impresionante. Aquellos teclados y voces parecían proceder de otro mundo distante, del país de las sirenas y los buitres, otro planeta y espacio que penetraba en mi habitación y me obligaba a plegarme a sus designios. Daban cuenta en escaso minutos de la absoluta decadencia de Occidente y eran la banda sonora perfecta de la guerra fría, una alucinada epopeya ideal para servir como banda sonora de yonkies y un himno épico que describía a los suicidas como ningún otro. En definitiva, eran los mágicos ingredientes de una oda a la depresión llena de belleza que parecía haber sido compuesta por extraterrestres, que era lo que para mí pasaron a ser Bowie y Brian Eno desde ese instante: mutantes, hombres a camino entre los ángeles y los demonios. Pasajeros de otro mundo que utilizaban la música para comunicar sus extraños designios a los seres humanos.
En fin. Ahí va el texto acompañando a la mítica canción. La cual aconsejo reproducir dos o tres veces simultanéamente para multiplicar sus efectos neurasténicos:
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