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Gritos diabólicos

Dic 8, 2022 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión al segundo disco de Mötley Crüe: Shout at the Devil. El cual recomiendo leer, escuchando la efervescente «Too young to fall in love».

Hay algo en Shout at the Devil que es peligroso. Mi álbum favorito de Mötley Crüe siempre será Too fast for love. Esa deliciosa Chopper. Esa incontenible y sucia ráfaga de metralla. Pero Shout está casi a la altura porque es un álbum que huele a sangre. Posee la chulería típica de los discos de Mötley pero además de sexo y rock and roll tiene un aura ocultista y satánico que lo hace especial. No creo obviamente que los gamberros miembros de Mötley quisieran invocar al demonio ni tuvieran nada que ver con ese tipo de prácticas, pero lo cierto es que el look diabólico, les sentó de maravilla. Les confirió un aura mítica y arriesgada que además, marcaba una evolución decisiva respecto a su anterior disco.

Con Shout at the devil, Mötley Crue dejaron claro que no eran flor de un día. Otra más de esas bandas surgidas de Los Ángeles que hacían temblar los escenarios durante un par de años y luego desaparecían tragados por la tierra, el alcohol y un sinfín de problemas. No. En Shout at the devil, Mötley demostraron que eran una banda sólida, potente, capaz de articular distintos registros. De hecho, ya no sonaban únicamente a suciedad y carretera. A rueda de motocicleta gastada y a habitación podrida. También tenían momentos épicos, riffs de guitarra quebradizos como cuchillos y los toques decorativos glammies iban ganando en influencia. Además de eso, Shout at the devil poseía unas cuantas buenas canciones. Puñetazos, bombas que eran revestidas por tonalidades tenebrosas y oscuras pero también levemente festivas.

Shout at the devil es un momento decisivo en la historia de Mötley Crue. Superado el primer sopapo a la cara, tenían que aprender a resistir una serie de lacras que a muchos otros músicos los habrían hundido. Shout fue la mejor respuesta a todas las dudas y, al mismo tiempo, a la increíble efervescencia que rodeaba a la banda. Era una obra llena de temas contundentes y pegadizos pero también de canciones esquivas. Aquí había locura y violencia pero también un poco de baile. Y, sobre todo, teatralidad. De repente, Mötley despegaban. Se convertían en una banda capaz de redefinir unos cuantos estilos con sus propia personalidad. De adaptarlos a su loco mundo. Eran la banda. Cualquier adolescente podía enloquecer con ellos y era tan fácil imaginarse a un asesino serial tipo Richard Ramírez escuchándolos antes de cometer un asesinato como vislumbrar a los rockeros adultos fripando con su arriesgada propuesta. Por ejemplo, con esa puesta en escena arrogante llena de todo tipo de guiños satánicos que, gracias al salvajismo de los componentes del grupo, no caía en lo infantil sino que resultaba extremademente atractiva. Creaba una atmósfera adecuada para que los fans fueran cautivados por un grupo que desbordaba magnetismo. Era arisco como un gato y tan resultón como unos labios pintados.

Por supuesto, los vídeos de aquella época de Mötley fueron una puta locura. Casi como los conciertos. Shout parecía una invitación a acceder a la antesala del infierno y eso lo convertía en un disco sumamente atractivo. La banda consumía más drogas que agua pero se encontraba llena de vitalidad y se sentía capaz de todo. Así que era capaz de transcender sus propias limitaciones. Caminar por azoteas artísticas sin resbalar y caer al suelo.

Shout es un grito de rabia y de placer. Es un grito oscuro, muy oscuro que, paradójicamente, produce alegría. Estoy convencido de que el mismísimo Antonin Artaud hubiera podido pincharlo en medio de un ritual con tribus mesoamericanas entre la sombra de búfalos con el vientre abierto y relinchos de caballos heridos. Shout es violencia y diversión. Es un disco preciso e hiriente. Es fuego. Es un tatuaje de alcohol. Es una puta locura. Es peligro. Es rock. Heavy metal. La prueba de que la música puede conseguir que los condenados a castigos eternos se pongan a bailar y que todos nuestros padres estaban acertados cuando nos aconsejaban que nos mantuviéramos cuanto más lejos del rock fuera posible. Shalam

أنت لا تعرفني لأنك لا ترى فكرتي

Ustedes no me conocen porque no ven mi pensamiento

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….para el colega del fondo (el sobaco es el pubis)….. ……simbolo surrealista.
    2imagen…cromos…..como las virgenes del renacimiento (hostias si me escucharan los hamparte….. jajajj….)..
    3imagen….a nosotros lo que realmente nos gusta es que nos pise el rabo una rueda de coche (aahhhhhhhh), sonrisa….
    4imagen…..olimpiadas de berlin 1936….(en busca del fuego..1981)
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=-d0tvZAwDeo…..la risa….
    (el mimetismo, principio del aprendizaje)….

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  2. Alejandro Hermosilla

    1) Tommy Lee siempre estuvo en otra dimensión. En la otra dimensió del cuelgue, especifico. jajaj. 2) Exacto. Cromos diabólicos que se reparten en los colegios para aficionar a los chicos al heavy metal. 3) Motley en su etapa más rancia y descarnada. Puro peligro. Tocando en un festival en medio de fans locos de Motorhead que los tachaban de maricones. 4) jajjjaj.. en busca del fuego.. me parto. PD: Me gusta esta peli. Me gustaria saber qué pensaría Georges Bataille sobre ella..jajajaj ¿Y qué diría Bataille de Motley?

    Responder

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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