Julian Cope: ese iluminado
¿Es Julian Cope un genio? Pues claro que sí. En cada una de sus composiciones cualquier cosa puede suceder. Cualquier sonido puede aparecer como un...
El eterno femenino es una extraña mezcla entre Vainica Doble y Kraftwerk. Es un disco canalla pero también reposado. Huele a glamour y modernidad por todos los costados pero, a su vez, posee respeto por el pasado. Refleja perfectamente la España socialdemócrata pero también deja entrever el marasmo rebelde y ácrata que latía en las calles de Madrid en los años después de la muerte de Franco. Es, sí, un disco sumamente interesante y difícil de asir precisamente por la sencillez ya comentada que, paradójicamente, convierte en complejas sus canciones y hace más poéticas, dolorosas y enigmáticas sus letras. Las dedicadas por ejemplo a una chica japonesa podrían hasta parecer ridículas si las leyéramos en voz alta sin compañía de la música pero funcionan perfectamente y hasta logran emocionar. Y el resto transmiten candidez, sí, pero también sutileza. Poseen una ambivalencia que las hace sumamente sugerentes. Son tanto un retrato de la vida de los artistas adolescentes como del marasmo y naufragio moderno.
Exactamente, El eterno femenino es un disco con duende. Una exploración de las posibilidades expresivas del pop. Una raya de cocaína bañada en marihuana. Una extraña y equilibrada mezcla de tradición y alta costura. Una obra que podrían bailar tanto los maniquíes como los automóviles. Tanto los snobs y las quinceañeras como los dandis y las nuevas tribus de drogadictos Y podría haber aparecido perfectamente tanto en la portada de la Superpop como en la de la rockdelux. Es la banda sonora perfecta para una película de Iván Zulueta y un documental de la juventud española de los 80. Una explicación platónica de la Movida en menos de 40 inolvidables minutos. Shalam
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