Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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El eterno femenino es una extraña mezcla entre Vainica Doble y Kraftwerk. Es un disco canalla pero también reposado. Huele a glamour y modernidad por todos los costados pero, a su vez, posee respeto por el pasado. Refleja perfectamente la España socialdemócrata pero también deja entrever el marasmo rebelde y ácrata que latía en las calles de Madrid en los años después de la muerte de Franco. Es, sí, un disco sumamente interesante y difícil de asir precisamente por la sencillez ya comentada que, paradójicamente, convierte en complejas sus canciones y hace más poéticas, dolorosas y enigmáticas sus letras. Las dedicadas por ejemplo a una chica japonesa podrían hasta parecer ridículas si las leyéramos en voz alta sin compañía de la música pero funcionan perfectamente y hasta logran emocionar. Y el resto transmiten candidez, sí, pero también sutileza. Poseen una ambivalencia que las hace sumamente sugerentes. Son tanto un retrato de la vida de los artistas adolescentes como del marasmo y naufragio moderno.
Exactamente, El eterno femenino es un disco con duende. Una exploración de las posibilidades expresivas del pop. Una raya de cocaína bañada en marihuana. Una extraña y equilibrada mezcla de tradición y alta costura. Una obra que podrían bailar tanto los maniquíes como los automóviles. Tanto los snobs y las quinceañeras como los dandis y las nuevas tribus de drogadictos Y podría haber aparecido perfectamente tanto en la portada de la Superpop como en la de la rockdelux. Es la banda sonora perfecta para una película de Iván Zulueta y un documental de la juventud española de los 80. Una explicación platónica de la Movida en menos de 40 inolvidables minutos. Shalam
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