Música negra
Hoy he contemplado una actuación de Solomon Burke en televisión. Se nota que era un predicador porque no cantaba; transmitía amor. Rezaba. No...
Antes de que Pet Shop Boys consiguieran hacer arte del cinismo (véase su «Paninaro»), los grupos del post-punk bailaron en torno a los estertores del cadáver del rock, corroborando lo que los artistas nihilistas habían denunciado. Si el punk le escupió en la cara al rock para enterrarlo, el post-punk se reunió en torno a su cadáver y compuso la banda sonora del sepelio. Ellos fueron quienes introdujeron los restos en la tumba y de paso, calibraron las posibilidades de resucitarlo y darle nueva vida. En este sentido, Siousxie jugó un papel esencial. Con discrección e inteligencia, contribuyó a canalizar nuevos medios expresivos para expresar la decepción colectiva al tiempo que hacía poesía de la derrota. Una derrota que si bien era plausible y evidente para muchas facciones de la sociedad inglesa, no lo fue para todas. Basta revisitar esa oda al futuro pop («Planet earth» de Duran Duran) que inauguró los 80 junto a otras de Depeche Mode, Ultravox o Human League. Al escuchar a esos grupos, se siente que algo novedoso está comenzando. Una especie de viaje hacia el futuro de la humanidad, una nueva aventura. Y resulta desde luego, difícil entrever en qué finalizaría el porvenir estimulante que melódicamente retrataban. Sin embargo, al escuchar a The Fall, Joy Division o Siousxie no quedan muchas dudas. Parece claro que el caramelo que se nos vende viene con veneno dentro. Y que la sociedad del futuro poco tendrá de utópica y esperanzadora. Será orwelliana o no será.
En los cánticos del post-punk, en efecto, ya no existe confianza. Sus canciones están llenas de gritos solitarios y desesperados que atisban un fin. Y el sentido del humor y la ironía que desprenden, se debe más a la necesidad de buscar medios y formas de sobrevivir que a una una jocosa postura vital. Los artistas son conscientes de que crean en tiempos de resaca. Su papel es componer las melodías que se escucharán justo antes de que amanezca, sabiendo de antemano que el sol no volverá a salir. Que viviremos un eclipse continuado. Y por eso, su sentido del humor es tan cáustico e inteligente y de ahí salieron francotiradores como Julian Cope. Porque situaciones apocalípticas contribuyen a crear personalidades clarividentes y resistentes, en el límite de las reglas sociales y el arte.
Creo que lo que me fascina de «Arabian knights» es el hecho de que sea un tema donde las guitarras arden, protegidas por el manto seductor de un bajo que estalla de tanto en tanto. Es, sí, un tema que posee el sonido clásico del post-punk pero es capaz de introducir ciertas modulaciones orientales que dan aire y fantasía a las creaciones de un grupo que de haber nacido en los años 60, estoy convencido de que hubiera podido crear auténticas gemas psicodélicas. Siousxie no niegan la situación, las opresivas circunstancias sociales, tampoco huyen de ellas pero entienden que para retratarlas con más eficacia es necesario viajar a otros mundos. Esos paisajes adonde nos conduce la imaginación cuando hablamos de la cultura árabe.
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