La canción perfecta
Dejo a continuación un nuevo videoavería dedicado a un grupo, Prefab Sprout, que tenía al frente a un hombre, Paddy McAloon, empeñado, obsesionado...
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Siempre he adorado a las bandas de glam-rock surgidas en Norteamérica a principios de los 80. Y nunca he empatizado con quienes por lo general se han dedicado a desacreditarlas. Creo en realidad que la mayoría de esas críticas procedían de intelectuales europeos incapaces de comprender esa agresiva sociedad norteamericana retratada a fondo en las películas de John Carpenter.
Puede, sí, que por todo lo referido anteriormente, cuando escucho los viejos discos de Twisted Sister, no siento tanto agresividad, violencia y orgullo (que en parte por supuesto que sí) como lamentos y tristeza. Los discos de la banda no sólo eran divertidos. También eran en parte lamentos. Gritos perdidos de un Frankestein incomprendido que acababan estallando como globos o pompas de jabón enfrente de sus oyentes. Los pasos desorientados de un dinosaurio ciego empeñado en hacerse entender por sus contemporáneos ajenos a su dolor y lenguaje. Los gemidos de un payaso hueco al que le bastaba con llamar la atención por unos minutos para darse por satisfecho, dotar de sentido a su vida.
En fin. No me resulta para nada extraño que en un mundo repleto de individuos sumisos y adocenados como el actual, una banda como Twisted Sister sea rebajada a la categoría de mera excentricidad y provoque más de una carcajada o sonrisa de desprecio. ¿Cómo podría tomarse en serio una sociedad obsesionada por el dinero, rígida, impostada y seria donde la risa es sinónimo de sarcasmo y cinismo, el alma de un adolescente? Twisted Sister reflejaron, fueron un testimonio ejemplar de un momento en el que la conciencia de la nación norteamericana aún no había sido doblegada del todo (esto no sucedería sino hasta el suicidio de Kurt Cobain) y los muchachos se sentían orgullosos de su inmadurez.
Finalizando ya, debo decir que si madurar significa y conlleva, entre otros aspectos, olvidarnos que un día fuimos felices escuchando bandas como Twisted Sister, yo elijo quedarme en mi niñez para siempre cantando aquello de «love is for losers, love is for suckers». Porque me basta leer unas pocas líneas de este libro digno de un verdadero maestro de la stand-up comedy, un paseo casi tribal por los enfermizos ochenta, para que me sienta en el puto paraíso. Casi como si estuviera saboreando una piruleta durante el recreo. Shalam
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