La vida de Flash depende de ti
Acabo de terminar de leer dos capítulos -el séptimo y el octavo- de Supergods, el jugoso ensayo de Grant Morrison sobre la historia del cómic de...
Lo cierto es que la conclusión de la saga es bastante decepcionante. Muy poco convincente. Pero me resulta difícil imaginarle una conclusión meritoria o, en cierto sentido, verosímil teniendo en cuenta que se trata de buscar la forma de derrotar a un ser que es Todopoderoso. ¿Quién sabe? Muchos de los finales que podemos imaginar, hubieran sido bastante más convincente y creíbles que el que se nos presenta aquí. Y desde luego que esta historia en manos de John Byrne o Grant Morrison hubiera alcanzado cotas difíciles de predecir. Pero no me importa. El punto de partida es tan interesante y sugestivo que yo opto por disfrutar con los buenos momentos -que los tiene- y olvidarme de los flojos o decepcionantes. Al fin y al cabo, sólo a un pueblo, el norteamericano, que en cierto modo se cree o pretende ser todopoderoso, se le podía ocurrir una historia de este cariz. Y si su guión flojea en ocasiones, en la mayoría de los casos, es lo suficientemente claro como para permitirnos realizar un psicoanálisis profundo de una nación que a través de sus superhéroes ha puesto de manifiesto sus miedos. Y al mismo tiempo, ha buscado desesperadamente medios y formas de acabar con ellos para superar el estadio humano y hacer realidad el sueño nitzscheano: construir un superhombre capaz de ir mucho más allá de los límites de la moral y la razón. Un deseo que tiene, en buena medida, en Secret Wars II tanto una respuesta como un interrogante indefinido, continuo e infinito sobre lo que ocurriría en caso de que esta posibilidad llegara a hacerse realidad. Shalam
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