Nacer otra vez
La aparición de Born Again a mediados de los años ochenta del pasado siglo fue un escalofrío en el mundo del arte porque aquella obra era un...
¿Es una obra maestra El incal? Como he sugerido previamente, pienso que no. ¿Por qué? Porque Alejandro Jodorowsky abrió excesivos caminos y tramas y recorrió tan gran número de rincones, espacios simbólicos y místicos que como es natural, el cómic no alcanza el equilibrio necesario entre forma y fondo que sí poseen, por ejemplo, otras obras cumbres del noveno arte.
El incal se desarrolla en una distópica sociedad futura. Y mezcla alucinadas imágenes que parecen proceder de un viaje en ácido o un florido sueño astral con enseñanzas procedentes de las culturas orientales y chamánicas. Lo que si bien la convierte en una obra radicalmente diferente de la ciencia ficción deshumanizada e impostada de los años 80, obliga al lector a encontrarse en un estado de conciencia superior para poder comprenderla por completo. Al fin y al cabo, El Incal parece una pastilla de LSD construida con el objetivo de conducir a la iluminación a su consumidor. Moebius sería quien se encargaría de ilustrar con sus imágenes el viaje y Jodorowsky -muy en la línea del personaje interpretado en La montaña sagrada (1973)- el gurú que, apoyándose en las teorías junguianas y las leyendas míticas, nos guiaría en esta absorbente ruta por las profundidades del inconsciente humano. Algo para lo que le sirvió de mucha ayuda la imaginería propia de la ciencia ficción ya que, dadas las características de este género, su incursión por los arcanos subterráneos del Universo podía ser llevada al límite. Circunstancia que, finalmente, le acaba pasando cierta factura pues, bajo mi punto de vista, el genio chileno no fue capaz de frenar el vertiginoso desarrollo argumental en ocasiones en que era necesario hacerlo, como tampoco de ofrecer una justificación clara y precisa a la presencia de todos los seres imaginarios que aparecen ni de describir fielmente su mundo interior. Resultando muchos de ellos, en exceso, planos. Un hecho que no creo que le importara demasiado pues su baza básicamente consistía en narrar las peripecias de un grupo de personas (que podemos identificar no sólo con determinadas cartas del tarot sino con los vicios y pasiones del ser humano así como determinados estados interiores simbólicos) hacia la iluminación y el desprendimiento total. A ese estado más allá de la sombra y la luz, del bien y el mal, que en el cómic surge de unir y disolver los opuestos y contrarios, el incal negro y el incal luz, lo que está arriba y lo que está abajo, la iluminación y las tinieblas, hasta llegar a un centro que lo traspasa todo y crea una nueva conciencia. Un nuevo despertar que es lo que la humanidad a gritos está necesitando actualmente, tal y como Jodorowsky preanunció décadas atrás en una creación que puede presumir de visionaria. Aunque, en cierto modo, no alcanza el grado de genialidad de ciertas obras posteriores como Los metabarones.
Nos encontramos, por tanto, ante un cómic excesivo, repleto de tantas ideas que habría que escribir un tratado para ocuparnos de cada una de ellas como es debido. Un cómic que ha alcanzado el grado de imprescindible por razones intrínsecas -personajes como el pájaro parlanchín o el barón, el prodigio de imaginación de muchos de sus pasajes o los magníficos retratos de las urbes estelares- y extrínsecas. Por ejemplo, la forma en que fue conocido y degustado por los primeros lectores le favoreció mucho. El incal apareció periódicamente en la revista «Metal Hurlant» en fragmentos de al menos 8 páginas. Lo que permitía que el lector tuviera el tiempo suficiente para pensar en posibles interpretaciones de las viñetas, se familiarizara con sus símbolos y sintiera la necesidad de leer la continuación argumental. Además, en un país tan racional como el francés, el fondo metafísico y místico de la historia, su toque surreal, ayudó a derribar barreras, transformar mentes y modificar destinos. Rodeando de un halo de misticismo tanto a Jodorowsky como a Moebius -que no en vano había vivido varias experiencias en México que lo habían aficionado a las tradiciones chamánicas y mágicas- que favoreció mucho la recepción de la obra al tiempo que agrandaba la dimensión misteriosa de sus hacedores, dadas las referencias alquimísticas o cabalísticas que el cómic poseía.
Con el paso de los años, en cualquier caso, y en la medida en que hemos podido conocer a Jodorowsky tanto por sus habituales charlas y conferencias o sus valiosos libros autobiográficos, nos encontramos en condiciones de comprender mucho mejor ciertos temas profundos que laten en El Incal así como las razones y motivos de su surgimiento. Pues, en realidad, es una obra construida para fulminar neuróticos, hacerlos levantarse de su cama de hierro (de) y (re)presiva, animándoles a buscar de cualquier manera ética posible, la luz. El sentido de la vida. El elixir sagrado. En definitiva, el Incal. Ese simbolo y fuente de vida sagrada, metáfora del amor universal infinito con el que fue creado el Universo o, mejor dicho, el Multiverso.
No cabe duda, en cualquier caso, que aunque sus presupuestos tal vez nos sean muy próximos ahora, en su momento tuvieron que provocar gran impacto. Intento ponerme en la mente de un adolescente que se encontrara con estas viñetas e imagino que el golpe sería tremendo. Por lo que es lógico que el cómic haya influenciado a dos o tres generaciones de lectores. De hecho, hay varias escenas inolvidables en El incal. Por ejemplo, aquella en la que John Difool es dividido en cuatro partes y el Incal le pregunta insistentemente en cuál de ellas se encuentra su verdadero ser. O esa otra en que al introducirse el desgarbado detective en el interior de un huevo negro aparece en el exterior. Una escena que replantea nuestros límites del conocimiento y sortea las reglas temporales y espaciales con una belleza sin igual. Que es, en el fondo, otro de los mensajes del cómic: que, a pesar de todas las adversidades y sufrimientos, el mundo es bello, como refleja perfectamente el crecimiento inesperado de una flor en las manos de un guerrero durante el desarrollo de esta odisea de la conciencia cósmica.
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