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Esparta

Nov 8, 2022 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al 300 de Frank Miller. El cual recomiendo leer escuchando uno de los temas de Tyler Bates que aparecen en la banda sonora de la adaptación fílmica del autor norteamericano realizada por Zack Snyder: «Fight in the shade».

 

Esparta

Verdaderamente, 300 es una obra que me provoca sensaciones encontradas. Por un lado, la considero un cuchillo sangriento, un sagrado escudo de acero y un árbol salvaje. Un cómic tan severo como directo (eficazmente dibujado por Lynn Varley) que se ocupa con firmeza y sin circunloquios de una de esas batallas (la de las Termópilas) que, según algunas voces, pudo cambiar el rumbo de Occidente. Y por otro lado, creo que es un poco irregular y no está a la altura de los más grandes logros de Frank Miller, aunque de una u otra manera el sello del autor norteamericano se mantiene intacto. Todavía su cabeza no había desbarrado del todo y, en cierto sentido, seguía sometido a unas reglas narrativas que daban coherencia a sus creaciones y le permitían aportar lo mejor de sí mismo.

300 es la última obra realmente valiosa de Frank Miller pero también el comienzo de su ocaso como creador. Así que muchas veces la leo con agradecimiento y emoción y otras como el preludio de una dolorosa derrota: la decadencia de uno de los más interesantes autores norteamericanos de cómic de las últimas décadas. A veces, sí, vislumbro grandeza y un halo sagrado en sus viñetas y escenas que la llenan de trascendencia y otras veces percibo cierto descuido, cierta ligereza y rapidez que me hacen tristemente rememorar al último y prescindible Miller: el de las dos innecesarias y, por momentos, calamitosas secuelas de El regreso del señor de la noche o el de Jerjes; fallida e intrascendente secuela de 300.

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La verdad es que, releyendo el cómic, no creo que a Miller le interesara demasiado el hecho de que, (como aseguran algunos historiadores), si los espartanos no hubieran detenido a los persas en el estrecho paso de las Termópilas, Occidente sería actualmente muy diferente. Tal vez en el fondo sí que Miller esté de acuerdo con esa idea pero parece claro que de lo que se siente enamorado es del estoicismo de los espartanos. De su talante bélico y su indomable carácter.

Su cómic y la posterior adaptación cinematográfica de Zack Snyder son en parte responsables de la idealización actual que se ha producido de Esparta. Algo comprensible porque en tiempos de frívolo y cansino hedonismo, la idea de un pueblo guerrero educado en el rigor, la lucha, la dureza y preparado para soportar cualquier sufrimiento tiene por fuerza que despertar el interés y provocar fascinación; sea ésta sana o morbosa.

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Tengo la impresión de que, si hubiera sido por Miller, no sólo Elektra hubiera muerto en la colección regular de Daredevil sino que también el mismísimo Matt Murdock lo hubiera hecho. Creo sinceramente que, de ser personajes suyos (como los de Sin city), Miller no hubiera dudado en fulminar tanto a Batman como a Daredevil. Pero lamentablemente, (debido a las normas de los cómics de superhéroes) no le estaba permitido hacerlo. Se quedó con las ganas. Porque a Miller siempre le interesaron más los perdedores y los fracasados que los triunfadores. De hecho, sus personajes, cuando vencen, lo suelen hacer tras un largo y complicado proceso de redención.

En este sentido, a Miller no le importaba que sus espartanos fueran completamente fieles a la realidad histórica que conocemos de ellos. Lo que deseaba era mostrar al mundo a un pueblo capaz de seguir un rígido cógido guerrero hasta sus últimas consecuencias. Un grupo de hombres que, aun sabiéndose en inferioridad numérica y poseyendo la certeza de que iban a morir, avanzaron sin miedo a su cruento destino. Eso es lo que amaba de los espartanos: la violencia y coherencia con la que defendían sus ideas. Su ingobernable carácter. La rigurosidad con la que defendían su código ético de guerra. La ferocidad con la que entablaron una batalla en la que no podían vencer.

Miller está enamorado de los espartanos. Por eso no se esfuerza en ser excesivamente fiel a la historia. De hecho, lo que le interesa es ser leal y coherente con la idea que él posee de ellos. Puesto que esa es su baza para lograr que nosotros nos enamoremos, a su vez, de los hijos de Esparta.

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Si bien 300 tiene tres o cuatro escenas antológicas de esas que quedan para siempre en el recuerdo de los lectores, no cabe duda de que la mejor es aquella en la que un Leónidas niño se enfrenta a un lobo. Ahí Miller extrae lo mejor de sí mismo. Su invención (puesto que se sepa nunca Leonidas protagonizó un acto similar) parece real y se combina sabiamente con la historiografía y la mitología. Por momentos, incluso pareciera que estamos en un cómic de Conan. De hecho, esa es la grandeza de Miller. Lograr conducir a los espartanos a territorios que bordean lo mitológico en muy pocas páginas. Componiendo un fresco violento que no se encuentra exento de poesía y locura. En realidad, 300 se encuentra más cerca de la leyenda y de lo novelesco que de la historia y es precisamente eso lo que lo convierte en irresistible. Puesto que logra dar una salvaje, misteriosa y colorida pátina a personajes como Jerjes (que podría perfectamente aparecer en los relatos de Robert E. Howard o en uno de Las 1001 noches) o al guerrero deforme Efialtes.

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300 es una apisonadora gráfica. Una obra avasalladora en la que no hay respiro. En sus viñetas hay sangre, violencia y más sangre y violencia. Pero esta épica y sangrienta oda a la guerra se encuentra rellena de una violenta aspereza que no abruma como en las posteriores obras de Miller porque, en este caso, se encuentra totalmente justificada.

La historiografía contiene al impulsivo Miller que se mueve a su antojo y con total libertad por la mítica batalla entre persas y espartanos sin desatarse del todo la correa. Así fue que logró no sé si su última gran obra pero sí una muy valiosa que, en gran medida, ya se encuentra implantada en el inconsciente colectivo. Porque, sin duda, a día de hoy la imagen de Esparta que tenemos no es la de Herodoto sino la de Miller. ¡Será, para bien o para mal, por algo! Shalam

من ينظر إلى الماضي ، المستقبل يحذر

Quien mira lo pasado, lo porvenir advierte

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1ºimagen….muy efectiva idea la del golpe en vertical al ojo de la armadura….(aprendo mucho de esa accion)….
    2ºimagen….mucha precision…..
    3ºimagen….corona …..
    4ºimagen…..el tachismo….en la parte izq la mano que lanza la lanza es alcanzada por una de las flechas…..
    5ºimagen….no se sabe si la bestia es amiga o no del humano con palo…sonrisa….
    6ºimagen….piercing a tó pasto….y de tapita salpicon de flechas….
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=dQHUAJTZqF0…edwin starr…war…1970….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Casco antiguo de soldado que podría perfectamente aparecer en un relato de ciencia ficción. Lo encuentra un señor que viaja a otro planeta pensando que está fuera de la tierra y como en El planeta de los simios, al final comprende que está en la tierra. 2) León africano emergiendo de las profundidades de la selva. Imagino esta escena dibujada por Miquel Barceló. 3) Escena manierista dibujada en tiempos renacentistas en honor a los espartanos. 4) Dionisos emergiendo de las profundidades de la tierra luchando porque haya vino en la tierra. 5) Ese lobo me recuerda al Lobezno de la Patrulla X en una anterior encarnación. 6) Grace Jones interpretando un nuevo papel. PD: delicioso tema soul que amo y que conocí por la versión de Springsteen. Durante mi adolescencia lo canté en múltiples ocasiones. Me gusta más esta versión que la de Springsteen. Joder cómo cantan los negros. ¡Madre!

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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