Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
Contenido relacionado
Videoaverías
Averías populares
El samurai es una película gélida, casi con ambición de documento realista, pero no es abstracta. Al contrario, es sucia, callejera y casi poética. Y se encuentra llena de fisicidad. Tanta que logra hacernos sintonizar completamente con el mundo interior de su personaje a pesar de huir de todo sentimentalismo. De hecho, cada vez que la veo llega un momento en que no me importa lo que está ocurriendo. Únicamente me centro en los gestos y miradas del protagonista. Si Alain Delon continúa caminando, está fumando, se ha puesto unos guantes o un sombrero o está conduciendo impasible.
No obstante, creo que El samurai posee un gran defecto: que tiene diálogos. Mínimos pero los tiene. Y consecuentemente, los personajes hablan o más bien se ven forzados a hacerlo. Pero creo que si no lo hicieran, sería una obra insuperable. Algún día haré este pequeño experimento: pondré a sonar en bucle la espléndida banda sonora compuesta por Francois de Roubaix y le quitaré el volumen a mi reproductor y estoy seguro de que funcionará perfectamente. Porque aunque lo que cuenta es sumamente interesante, lo que sin dudas convierte a la película en trascendente es su atmósfera. La impresionante fotografía de Henri Decaë, el retrato de un París sucio y glamouroso a la vez, digno de novela negra, y los oscuros planos de la habitación del asesino a sueldo. En definitiva, el tono tan elegante como adulto y decadente con el que Melville explora la soledad de un hombre acorralado que acepta su destino con la sobriedad y austeridad de un ninja. Con lúcida y solitaria resignación. Shalam
0 comentarios